Siglo XVIII. La sociedad amantes del
país y el Mercurio peruano
Siglo XVIII mundial
Siglo XVIII en el Perú
La Sociedad amantes del país y el Mercurio peruano
Discusión o comparación de ideas
Bibliografía
Conclusiones
INTRODUCCION
¿QUE SIGNIFICA EL SIGLO XVIII?
El siglo XVIII, es el nacimiento de ideas y el deseo de voluntad por ser aplicados al país colonizado con la finalidad de levantamiento en su desarrollo.
El siglo XVIII, es el nacimiento de ideas y el deseo de voluntad por ser aplicados al país colonizado con la finalidad de levantamiento en su desarrollo.
Tiempo donde marca fin del gobierno de Carlos II y la
reformas borbónicas hacia España, como también el tiempo que duro la guerra de
sucesión española y los países que pensaron tener su dominio .La esencia de
personajes ilustrados que ayudaron en esa época para que todo el proceso u
estructura que se tenía como iniciativa llevarla a cabo y poder dejar todo lo negativo
de las articulaciones que en ese entonces existían del país.
En esta investigación también damos a conocer parte de los
sucesos económicos- sociales que se desarrollaron y como eran las formas
políticas de gobierno déspota que se aplicaban; como también se dice que marca
fin los términos de la revolución Francesa y La revolución Inglesa que como
países dominantes y cuya base era poder dar a conocer todo sus ideas a los
países bajo su denominación todo lo aquello que a ellos les ayudo a poder gobernar
en este siglo.
Siglo XVIII, en el Perú nace por el surgimiento de u grupo
político que no dudo en formar una sociedad bajo sus reglamentos respectivos ,
teniendo como escudo la formación de el periódico"EL MERCURIO
PERUANO",leido por el país colonial España y a países de América .
En el MECURIO PEUANO se dan a conocer todos los sucesos que
se daban en el otro mundo y las ideas de que nacen como revolución y de como el
país debería de aplicarlas.
En la presente damos a conocer el desarrollo de todo lo que se
tomo en cuenta para esta investigación y desarrollo del trabajo.
I) SIGLO XVIII MUNDIAL
1.1 LA ILUSTRACION
Es la salida del hombre de su auto culpable minoría de edad
.La minoría de edad significa la incapacidad de servirse de su propio
entendimiento sin la guía de otro. Uno mismo es el culpable de esta minoría de
edad cuando la causa de ella no reside en la carencia de entendimiento, sino en
la falta de decisión y valor para servirse por si mismo de el sin la guía de
otro.
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1.2 CARACTERISTICAS
Racionalismo: la razón se considera la única base del saber.
Este hecho favorecerá el desarrollo del pensamiento científico.
Empirismo: frente a cualquier forma de imposición intelectual
que pretendiera estar en posesión de la verdad, los ilustrados contrapusieron
su fe en la experimentación para poder conocer el mundo y conseguir el
progreso.
Criticismo: el ilustrado aspira a someter a crítica racional
todo el conocimiento anterior.
Deseo de conocimiento: el ilustrado siente un enorme deseo de
conocer por completo el mundo donde habita, de iluminarlo (de ahí el nombre de
Ilustración), pero también siente la necesidad de dar a conocer lo aprendido.
Esto último explica la aparición de uno de los grandes proyectos de la época:
la Enciclopedia Francesa.
Utopismo: se cree que la aplicación de la razón a todos los
aspectos de la vida humana permitirá una mejora constante de la sociedad y un
progreso económico y cultural ilimitado.
Progreso y felicidad: Deriva y es la causa del carácter
anterior. El ilustrado a lo que aspira como objetivo prioritario es a conseguir
la felicidad en este mundo.
Reformismo: para lograr el objetivo de conseguir el progreso
del ser humano, los ilustrados proponen modernizar la sociedad mediante lentas
reformas que serán llevadas a cabo por reyes y gobiernos de carácter
absolutista.
Este movimiento se extiende por la totalidad del Siglo XVIII
y penetra en el XIX. Como parece lógico, en él pueden establecerse una serie de
etapas:
1.3 ETAPAS DE LA ILUSTRACION
Reformismo
Durante la mayoría del Siglo XVIII se desarrolla el
pensamiento ilustrado y se intenta la aplicación práctica de algunos de sus
principios. Esto se hace de acuerdo con los poderes establecidos, prácticamente
todos ellos de corte absolutista.
. En los últimos años del Siglo XVIII el panorama de la
Ilustración cambia bastante. De momento aparece en el pensamiento europeo una
mayor valoración de los sentimientos, incluso por encima de la razón. Por otro
lado, muchos de los pensadores ilustrados del Siglo XVIII habían reflexionado
sobre cuestiones políticas y sociales que se convertirán en la base de dos
importantes movimientos revolucionarios: la Revolución Norteamericana y la
Revolución Francesa. Estos movimientos se dice comúnmente que suponen el final
de la Ilustración.
Cuando nos enfrentamos al Siglo XVIII español la primera
operación que debemos acometer es el intento de establecer particiones o etapas
en el mismo.
En primer lugar te propongo una periodización cronológica
basada en el desarrollo de las ideas ilustradas en nuestro país. Según esto,
debemos señalar tres momentos que se siguen cronológicamente.
1.4 La Ilustración en España
De 1700 a 1758.
Al instaurarse la dinastía borbónica francesa se comienzan a
introducir las ideas ilustradas, que en principio chocan con los gustos del
público, fiel al estilo barroco.
De 1758 a 1788.
La llegada al trono de Carlos III y su gobierno impulsa la
propagación de las ideas reformistas e ilustradas.
De 1789 a 1808.
Los acontecimientos de la Revolución Francesa traen como
consecuencia un retroceso en las reformas ilustradas.
1.5 LOS PAISES DE LA ILUSTRACION
La Ilustración fue un fenómeno cultural que se desarrolló a
lo largo de toda la geografía europea y americana (en esta época bajo dominio
de diferentes imperios coloniales europeos), afectando a la práctica totalidad
de las parcelas sociales, políticas y culturales del mundo del siglo XVIII.
Es evidente que este movimiento no tuvo la misma importancia
en todas las naciones europeas, comportándose algunas naciones como aportadoras
constantes de nuevas ideas, mientras que otras se limitaban a seguir, de cerca
o de lejos, las innovaciones que se iban produciendo en esos países. Si
tuviésemos que establecer una clasificación de los países "más
ilustrados", a la cabeza de la misma se encontrarían, por diversos
motivos: Francia, Alemania e Inglaterra.
.GUERRA DE SUCESION ESPAÑOLA (1700-1713)
La muerte de Carlos II, último rey de España de la Casa de
Habsburgo, después de una larga convalecencia, el 1 de noviembre de 1700 en
Madrid, crea un grave conflicto sucesorio a falta de herederos directos. Un mes
antes había firmado su testamento a favor de Felipe de Anjou, nieto de Luis XIV
de Francia y, en tanto que llegaba, ocupa la regencia el cardenal Portocarrero.
El 18 de febrero de 1701, después de pasar unos días en Irún
esperando a que la reina Mariana de Newburgo, viuda de Carlos II, abandone la
Corte, Felipe de Anjou llega a Madrid acompañado de una cohorte de súbditos
franceses, agentes de Luis XIV. Su recibimiento es multitudinario: el
entusiasmo se desborda en la Puerta de Alcalá, donde muchas personas mueren
atropelladas, asfixiadas y pisoteadas. El monarca se dirige a Nuestra Señora de
Atocha y desde allí al palacio del Buen Retiro. El apoteósico recibimiento
popular se tornó en causa de conflicto debido al desencadenamiento de la guerra
que enfrentó a la Casa Borbón con la rama imperial alemana de la Dinastía de
los Austria.
La declaración de Luis XIV de que Felipe V, ya nombrado rey
de España, conserva sus derechos a la Corona de Francia y el incumplimiento del
Tratado de Partición por parte de Francia, provocan el resurgir de la gran
alianza entre el Imperio, Holanda e Inglaterra en septiembre de 1701, dando pie
a la declaración formal de guerra entre ambos bloques. Las primeras acciones
militares fueron protagonizadas por la escuadra anglo-holandesa que, tras
saquear los puertos gaditanos de Rota y Santa María el 15 de agosto de 1702,
obliga a la flota de Indias a refugiarse en el puerto de Vigo.
Animado por las victorias de sus aliados el archiduque Carlos
de Austria, tras proclamarse rey de España en Viena, llega a la Península
Ibérica y desembarca en Lisboa en mayo de 1704, donde es recibido como legítimo
rey de España por Pedro II de Portugal, con el nombre de Carlos III. Recibe el
apoyo de parte de la nobleza castellana y ofrece una amnistía a aquellos que
abandonen la causa borbónica cuando él entre en territorio español. El avance
de la flota aliada hacia el Estrecho de Gibraltar originó la pérdida del Peñón
de Gibraltar el 2 de agosto de 1704: una escuadra anglo-holandesa compuesta por
100 barcos, 1.000 cañones y varios miles de soldados, desembarca en la plaza de
Gibraltar, donde sólo debe enfrentarse a una pequeña guarnición militar. La
oposición de los gibraltareños no es suficiente para su defensa y, tras un
intenso bombardeo, el gobernador de la plaza, Salinas, presenta su capitulación
a cambio de que se respetasen los bienes y la religión de sus habitantes. Una
escuadra francesa integrada por 52 buques mayores y algunas galeras españolas
bajo las órdenes del conde de Toulouse se enfrenta, sin éxito, a la escuadra
anglo-holandesa del almirante Rocke, quien toma la plaza en nombre del
archiduque Carlos el 3 de agosto de 1704.
Ante la marcha de las tropas aliadas, Barcelona proclama rey
al archiduque Carlos: las tropas aliadas del Habsburgo al mando del conde de
Peterborough y la sublevación popular obligan al virrey de Cataluña a capitular
el 9 de octubre de 1705. A la capitulación de Barcelona sigue la de todo el
Principado. A los pocos días y tras su entrada triunfal en Barcelona, el
archiduque Carlos, es proclamado rey en esta ciudad el 7 de noviembre de 1705,
jurando las leyes del Principado en las Cortes de Cataluña. Durante el verano
anterior, Cataluña, tras haber firmado el Pacto de Génova con Inglaterra, se
había comprometido a contribuir con 6.000 hombres para ayudar a tomar
Barcelona, garantizando el apoyo de sus instituciones a la causa del archiduque
Carlos de Austria a cambio del respeto a las libertades y privilegios
catalanes. De igual manera, el archiduque es proclamado rey de España tras la
llegada de las fuerzas anglo-portugués aliadas a Madrid, al mando del conde de
Galloway y del marqués de las Minas, obligando a Felipe V y su Corte a
abandonar la ciudad e instalarse en Fuencarral el 20 de junio de 1706. A los
pocos días, las tropas del archiduque Carlos ocupan el Alcázar de la ciudad y
numerosos nobles y funcionarios acceden a darle obediencia, proclamándole rey
de España como Carlos III. La proclamación tiene lugar en un balcón de la Casa
de la Panadería el 26 de junio de 1706. Los madrileños, fieles a Felipe V,
reciben con poco entusiasmo este nombramiento, produciéndose enfrentamientos
con las tropas aliadas. Inmediatamente, el archiduque reúne a los consejos y
tribunales, mandando acuñar moneda con su nombre; empero, la ciudad de Madrid
no le acepta: el 4 de agosto de 1706, partidarios de Felipe V entran en Madrid
y se hacen dueños de la Villa. En la Plaza Mayor el archiduque es rechazado
públicamente como rey de España.
La suerte militar se inclina a favor de las fuerzas felipistas,
que el 25 de abril de 1707, al mando del duque de Berwick y del conde de Pinto,
consiguen la victoria sobre las tropas aliadas de Carlos mandadas por lord
Galloway, en Almansa. En la confrontación participan aproximadamente 25.000
hombres por bando y las bajas se cifran en unos 5.000 muertos. La derrota
aliada es decisiva para el desarrollo de la guerra, porque permite a los
felipistas acceder a los reinos de Valencia y Aragón, donde Felipe V decreta
abolidos los fueros de Aragón e implanta los primeros Decretos de Nueva Planta
el 29 de junio de 1707. Como reacción, las tropas anglo-holandesas aliadas del
archiduque Carlos, al mando del general Stanhope, desembarcan en la isla y
obligan a la capitulación de Menorca el 30 de mayo de 1708. Los ingleses incautan
los bienes de los felipistas y permanecen en la isla durante casi todo el siglo
XVIII.
La retirada de parte de las tropas francesas por orden de
Luis XIV de Francia obliga a Felipe V a reorganizar el ejército español,
gracias a la plata que ha llegado de los territorios americanos, quedando éstas
bajo el mando del marqués de Villadarias y del propio rey. Estos cambios
permitieron a los aliados del archiduque Carlos atacar desde Cataluña y
derrotar a las tropas felipistas en Almenara el 13 de junio de 1710. Los
borbónicos retroceden a Zaragoza, con lo que el camino hacia Madrid queda libre
para los aliados, que aprovechan la ausencia de Felipe V (que había trasladado
su Corte a Valladolid) y el 28 de septiembre de 1710 el archiduque entra en
Madrid. Carlos, después de orar ante Nuestra Señora de Atocha, se dirige al
Alcázar acompañado por 2.000 hombres a caballo. Las calles están desiertas y
ante el frío recibimiento, muy contrariado, el archiduque decide volverse al
llegar a la Puerta de Guadalajara y salir por la de Alcalá.
Desde Valladolid, Felipe V reorganiza su ejército con hombres
procedentes de Extremadura, Andalucía y las dos Castillas a partir de octubre
de 1710 e impide con esta acción que las tropas del archiduque se pongan en
contacto con las aliadas, procedentes de Portugal.
Las decisivas victorias que los felipistas obtuvieron en
Brihuega y Villaviciosa de Tajuña (diciembre de 1710), permiten a Felipe V
preparar la campaña de Cataluña, único foco de resistencia antiborbónica en
estos momentos. Con la colaboración de las tropas del duque de Noailles, que
traspasan los Pirineos y penetran en el Principado, ponen sitio a la ciudad de
Gerona que, finalmente, se rinde el 25 de enero de 1711 y con ella toda la
provincia. La muerte del Emperador José I, hermano del archiduque, obliga al
pretendiente Carlos a abandonar Barcelona el 27 de noviembre de 1711 para
hacerse cargo del trono imperial alemán. A partir de entonces Felipe V no
encuentra obstáculos para afianzarse como rey de España, pese a que el archiduque
había dejado a su esposa, Isabel Cristina de Brunswick, como regente. Cataluña
se resistió a reconocer al nuevo rey, pero el 9 de julio de 1713 los Brazos
Generales de Cataluña, la Diputación, el Consejo de Ciento y el brazo militar
deciden mantener la guerra contra Felipe V y el centralismo borbónico para
defender las constituciones, privilegios y prerrogativas que durante tantas
centurias han conservado los catalanes. Días después, el 13 de julio de 1713,
tiene lugar la firma del tratado de Utrecht que puso definitivamente fin a la
Guerra de Sucesión española. En éste tratado se llegó a los siguientes
acuerdos:
- Felipe V es reconocido rey de España y de las colonias
americanas, a condición de que las coronas española y francesa nunca puedan unirse.
- Los territorios europeos de la monarquía española pasan a
Austria, mientras que Inglaterra obtiene Gibraltar y Menorca.
En definitiva, el tratado ratifica la entronización de los
Borbones en España, pero rompe la integridad territorial, ya que Felipe V sólo
es rey de los territorios propiamente españoles y de las Indias.
1.7) HECHOS ECONOMICOS-SOCIALES
Si Carlos I y Felipe II se ocuparon personalmente de los
asuntos de Estado y del fortalecimiento de su autoridad, los monarcas del siglo
XVII (Felipe III, Felipe IV y Carlos II) delegaron sus funciones de gobierno en
manos de validos (personas que gobernaban en nombre del rey por deseo de éste)
que encaminaron la monarquía hacia una pérdida de poder y un desprestigio
creciente.
En política exterior, el siglo XVI supuso el momento de
máximo poder y hegemonía mundial; sin embargo, en el siglo XVII, tras la Guerra
de los Treinta Años, España quedó relegada a un segundo plano internacional. A
la crisis política se le añadió una profunda depresión económica y un notable
descenso demográfico hasta 1680, fecha en la que comienzan a aparecer síntomas
de recuperación.
Sólo en el plano cultural, la España del Barroco mantuvo y
aumentó el nivel alcanzado durante el siglo XVI, lo que ha justificado la
denominación de Siglo de Oro de las artes y las letras para la mayor parte de
los siglos XVI y XVII.
1.7.1.- LA CRISIS DEL SIGLO XVII
1.71.1.- CRISIS DEMOGRÁFICA
Desde 1580 puede observarse un descenso del crecimiento
demográfico, debido a diversos factores: las grandes epidemias de peste que
afectaron a Europa y a España, la expulsión de los moriscos de 1609 que
perjudicó sobre todo a Valencia y Aragón, la emigración a las Indias, crisis
agraria y las continuas guerras.
El descenso demográfico no afectó por igual a todos los
territorios peninsulares, viéndose más perjudicado el centro y sur peninsular;
y, aunque a finales de siglo se habían recuperado los niveles de población de
sus inicios, la distribución de ésta se había alterado: el interior se despobló
en beneficio de la periferia y se produjo una reducción de la población urbana
en favor de la rural.
1.7.1.2.- CRISIS ECONÓMICA
Desde el punto de vista económico, las principales
dificultades se produjeron en Castilla. Las manifestaciones más claras de la
depresión económica son:
La caída de la producción agraria, debida a la disminución de
la mano de obra campesina por el receso demográfico (guerras, peste y
emigración) y a las malas cosechas. Además, teníamos el problema de las
propiedades amortizadas (pertenecientes a instituciones religiosas y civiles,
que no se podían comprar ni vender, dividir o modificar).
La reducción de la ganadería ovina, en especial la
trashumante de la Mesta.
La crisis de la industria textil castellana que, tras su
etapa de prosperidad en el siglo XVI, disminuye su producción, incapaz de
competir con los tejidos fabricados en el extranjero.
La drástica disminución de las cantidades de oro y plata que
venían de América.
Los apuros de la Hacienda del rey, que resuelve con emisiones
de moneda de baja calidad.
1.7.1.3.- LAS CONSECUENCIAS DE LA CRISIS
Las consecuencias de la crisis que conmocionó a la sociedad
española del siglo XVII se dejaron sentir a nivel económico y social:
Los grupos sociales relacionados con la producción fueron los
más duramente atacados por la crisis (artesanos, campesinos y comerciantes),
empujándoles a la mendicidad y a la delincuencia. Mientras que la riqueza se
concentra en la alta nobleza.
La depresión económica estuvo ligada a un reforzamiento del
régimen señorial, que presiona sobre el campesinado. Los grupos más poderosos,
que vivían de las rentas de la tierra, aguantaron mejor la crisis, lo que
explica que el modelo de prestigio social en Castilla fuera el del noble que
vivía de sus rentas.
La escasa burguesía tenía como máxima aspiración abandonar
sus negocios e invertir sus beneficios en tierras, e incluso en la adquisición
de un título nobiliario.
1.7.1.4.- LA RECUPERACIÓN DE FINALES DE SIGLO
La crisis demográfica y económica del siglo XVII se puede
considerar finalizada hacia 1680. Se asiste a un aumento de la natalidad, mayor
en las regiones litorales que en el interior, y también se aprecia una lenta
recuperación de la producción y el comercio.
Los territorios de la Corona de Aragón fueron los primeros en
presentar signos de mejoría. En Cataluña la economía se vio estimulada por la
exportación de vinos a Holanda e Inglaterra. Valencia asistió a la repoblación
de las tierras que habían sido cultivadas por los moriscos expulsados en 1609,
donde se introdujeron nuevos cultivos intensivos. Por otra parte, Castilla se
recuperó más lentamente y de modo desigual, siendo el País Vasco el que antes
relanza su economía basándose en la explotación de las minas de hierro y en la
renovación de las actividades navales.
REINADO DE FELIPE III (1598-1621)
Felipe III comenzó a reinar con una política de pacificación,
tras el cansancio y desgaste económico de Castilla por las costosas guerras del
siglo XVI. A nivel interno los hechos más destacados fueron la expulsión de los
moriscos y la aparición de los validos.
1.7.2.1.- POLÍTICA INTERIOR
1.7.2.1.1.- EL GOBIERNO DE LOS VALIDOS
Felipe III inauguró la corriente política de delegar el
ejercicio del poder en manos de un hombre de confianza, un valido o favorito,
con el que el rey mantenía una estrecha relación de amistad, al conceder el
control de la política al duque de Lerma. El valido carecía de cargo oficial,
pero en la práctica actuaba como un auténtico primer ministro y concentraba en
sus manos los principales mecanismos del poder político del Estado.
La aparición de la figura del valido no se debió sólo al
desinterés por el poder ni a la debilidad del carácter de los últimos Austrias,
sino que intervinieron otros factores: como la creciente complejidad de las
tareas del gobierno y la complicada maquinaria administrativa que hacía
imposible que el monarca se ocupara personalmente de todos los asuntos.
El duque de Lerma aprovechó su posición para retirar a todas
las personalidades relevantes y colocar a sus parientes y amigos en los
principales cargos. Además, trasladó temporalmente la capital del reino de
Madrid a Valladolid en 1600, donde permaneció seis años, hasta que retornó a
Madrid tras el ofrecimiento de una importante suma de dinero por parte de su
ayuntamiento.
La oposición al valido y a su abuso de poder llevó a Felipe
III, en 1618, a prescindir de Lerma y sustituirlo por su hijo, el duque de
Uceda, aunque con poderes mucho más recortados.
1.7.2.1.2.- PAZ CON FRANCIA
Se firmó un acuerdo de paz en 1598, pero seguiría la guerra
subterránea de Francia: apoyando a los holandeses y dificultando las
comunicaciones hispanas entre Flandes e Italia.
1.7.2.1.3- LA PAZ CON INGLATERRA
La Paz de Londres de 1604 puso término a una guerra concebida
para evitar el apoyo inglés a los rebeldes holandeses, y que se había extendido
a lo largo de veinte años.
El fracaso de una expedición española a las costas irlandesas
en 1603 y la llegada al trono inglés ese mismo año del rey Jacobo I, tras la
muerte de la reina Isabel, propició el fin de las hostilidades. Las
negociaciones supusieron la concesión de facilidades al comercio inglés, a
cambio de que cortara el suministro de armas a los holandeses y se suspendieran
las actividades de los piratas en el Atlántico.
1.7.2.1.4.- LA TREGUA DE LOS DOCE AÑOS (1609-1621)
Los holandeses se negaron a reconocer la soberanía del rey,
quien envió los tercios españoles (cuerpos especializados de infantería,
artillería y caballería) al frente de Ambrosio Spínola que tomaron la ciudad de
Ostende. En respuesta, los holandeses destruyeron una flota española en Cádiz.
La ruina financiera de la Corona (nueva quiebra o suspensión temporal de pagos
a los acreedores en 1607, incluyendo al ejército), los intereses pacificistas
de los burgueses holandeses y el cansancio de ambas partes obligó a firmar la
Tregua de los Doce Años. Significaba el reconocimiento, aunque no se aceptara
formalmente: pues el gobierno español no tenía intención de retirarse de
Flandes y en 1616, ante la evidencia de que los regentes no tendrían
descendencia, Felipe III se hizo jurar fidelidad. Finalmente la tregua no fue
renovada en 1621, por considerar que beneficiaba claramente a Holanda: en ese
período estuvo acosando económicamente a España constantemente (en Europa y las
colonias).
1.7.3.- EL REINADO DE FELIPE IV (1621-1665)
Felipe IV fue un monarca muy preocupado por la cultura, que
ejerció una importante labor de mecenazgo. Entregó el poder a su valido, Gaspar
de Guzmán y Pimentel, que tenía los títulos de Conde de Olivares y duque de
Sanlúcar la Mayor, cuyo programa político combinó la recuperación del prestigio
de la monarquía hispánica con la reforma interior.
1.7.3.1.- LA POLÍTICA EXTERIOR: LA GUERRA DE LOS TREINTA AÑOS
La política exterior de Felipe IV tiene como escenario
principal la Guerra de los Treinta Años (1618-1648). El objetivo español era
recuperar el poderío en Europa, lo que provocó el enfrentamiento con otras
potencias como Francia, Holanda, Inglaterra y Suecia.
Esa guerra comienza como un conflicto alemán y religioso: los
príncipes protestantes de Alemania se habían rebelado contra el emperador
Fernando II, católico intransigente, de la dinastía de los Habsburgo. Pero ese
conflicto local acabó siendo general, porque las naciones europeas se alinearon
con uno u otro bando, buscando la hegemonía política.
La monarquía hispánica se implicó en la guerra por dos
motivos: la defensa de la religión católica y el mantenimiento de la hegemonía
de la casa de los Habsburgo a través de sus dos líneas emparentadas (la
española y la austriaca). Pero tuvo que luchar en demasiados frentes de
batalla: (hasta con Dinamarca y Suecia).
Debido a la Guerra de los Treinta Años se reanuda en 1621 el
conflicto con Holanda. Animados por las victorias militares conseguidas en los
primeros momentos de ese conflicto, los españoles inician una pugna por frenar
el crecimiento económico y marítimo holandés, potenciado durante la Tregua de
los Doce Años.
En una primera fase, la guerra fue terrestre con grandes
éxitos de los tercios españoles, dirigidos por Ambrosio Spínola, quien tomó la
ciudad de Breda en 1625. La segunda fase tuvo un carácter naval y comercial, en
un intento por quebrar el poderío marítimo holandés.
En 1635 Luis XIII de Francia declara la guerra a España y
manifiesta su apoyo a Holanda, basándose en la política agresiva española en
Europa, que hace peligrar su integridad territorial. Aunque las primeras
campañas resultaron favorables a los españoles, finalmente el esfuerzo resultó
excesivo para las posibilidades de la monarquía española, y la derrota de
Rocroi (1643) acabó con la fama de invencibles que tenían los tercios
españoles.
Todo ello obligó a la firma de la Paz de Westfalia en 1648,
por la que se reconocía la independencia de Holanda y se certificaba la pérdida
de la hegemonía española en Europa.
La lucha contra Francia se prolongó algunos años más, pues
Inglaterra apoyó a los galos. Hasta que se firma la Paz de los Pirineos en 1659,
que sancionó el predominio de Francia en Europa, de Inglaterra y Holanda en el
mar, y supuso la cesión española a Francia del Rosellón y la Cerdaña.
1.7.3.2- LAS REFORMAS ADMINISTRATIVAS Y ECONÓMICAS
Olivares planteó, a través de la Junta Grande de Reformación,
estas propuestas:
Reducción de oficios y empleos cortesanos, para recortar los
excesivos gastos de la Corte.
Protección de tipo mercantilista de las actividades
artesanales y de comercio nacionales. Para lo que se hacen obras para hacer
navegables los principales ríos (como el Tajo) y la supresión de aduanas.
Creación de una red nacional de erarios que liberase a la
Corona de su dependencia de la banca extranjera. Los erarios actuarían como
bancos concediendo préstamos a la Corona, que obtendría la ayuda de sus
súbditos a través de sus depósitos en dinero.
Medidas para aumentar la población, como las exenciones
fiscales a los matrimonios jóvenes y con gran número de hijos.
Las resistencias a estas nuevas reformas fueron múltiples en
toda la monarquía. Hubo motines contra la nueva fiscalidad y las Cortes se
negaron a aprobar la propuesta de creación de los erarios y la introducción de
un sistema tributario nuevo y unitario.
1.7.4.- EL FINAL DE LA DINASTÍA: CARLOS II (1665-1700)
A la muerte de Felipe IV heredó el trono Carlos II, un
monarca débil y enfermizo que sólo tenía cuatro años de edad; bajo la regencia
de su madre, Mariana de Austria, durante 10 años. La regente depositó su
confianza en el jesuita austriaco Everard Nithard, su confesor, que actuó como
un verdadero valido. Éste fue sustituido por Fernando de Valenzuela y, ya con
Carlos II, los hombres fuertes se sucedieron en el poder (don Juan José de
Austria, el duque de Medinaceli, el conde de Oropesa) en un clima creciente de
inestabilidad política que se agudizó al final del reinado, cuando se planteó
el problema sucesorio.
Durante el reinado de Carlos II, hacia 1680, se asiste a una
recuperación demográfica y económica que pone fin a las crisis del siglo XVII.
1.7.4.1.- EL PROBLEMA SUCESORIO
Carlos II se casó dos veces, pero no tuvo descendencia en
ninguna de ellas. Aunque su esterilidad parecía evidente, se le practicó un
exorcismo, porque se pensó que podría estar hechizado. Ante la necesidad de
elegir un sucesor para el trono español, se fueron perfilando dos candidatos:
El archiduque Carlos de Austria, de la línea austriaca de los
Habsburgo.
Felipe de Anjou, de la casa de Borbón y nieto del rey francés
Luis XIV.
Carlos II, antes de morir, nombró heredero a Felipe de Anjou,
con la intención de asegurar a la monarquía española el apoyo de Francia, cuya
hegemonía en Europa era indiscutible, y evitar así su desmembramiento
territorial.
El temor de Inglaterra y Austria a la formación de un bloque
hispano-francés provocó, tras la muerte de Carlos II, la Guerra de Sucesión
española (1700-1713), el primer gran conflicto europeo del siglo XVIII,
convertido a la vez, en guerra civil y guerra europea.
II.- SIGLO XVIII EN EL PERU
2.1) LOS BORBONES EN ESPAÑA
Carlos II, el último de los Habsburgo españoles, no dejó descendentes
directos pero nombró como sucesor suyo al nieto de su hermana María Teresa y
Luis XIV de Francia, Felipe de Anjou. Coronado Rey de España y las Indias,
Felipe V fue el primer rey Borbón español inaugurando con su reinado la España
de la Ilustración, una época de armoniosas relaciones exteriores, reforma y desarrollo
interior.
El reinado de Felipe II se puede dividir claramente en tres
fases diferentes: en primer lugar, la etapa de tutelaje por parte de Francia,
después, la independencia y, finalmente, la etapa de equilibrio con la gran
nación vecina.
1759-1788: Durante el reinado de Carlos III, la política del
primer ministro Floridablanca mantuvo a España alejada de conflictos a pesar de
la tímida intervención en la Guerra de la Independencia americana. Carlos III
realizó una profunda reorganización de la nación, reformó su agricultura e
introdujo las últimas novedades en concepción urbana de su Nápoles natal. Fue
el momento en que Madrid dejó de ser sólo una población más de la Mancha para
convertirse en una ciudad moderna, plena de elegantes edificios a la manera de
París, Milán y Nápoles. Disponía de agua corriente, alcantarillado, iluminación
urbana y una corte con gran estilo y esplendor.
Aunque existía una resistencia considerable a la introducción
de nuevas ideas en los niveles más bajos, los intelectuales del país eran
receptivos a los conceptos de la Ilustración y a la Enciclopedia de Diderot.
España empezó a formar arquitectos, ingenieros, geógrafos y naturalistas. Más
tarde, las ideas democráticas engendradas por la Revolución Francesa iban a
llegar a España, aunque no iban a ser adoptadas por las clases políticas y
dirigentes.
Después de un breve período de forzada alianza con Francia,
que culminó con la derrota británica contra la flota franco-española en
Trafalgar, las tropas de Napoleón invadieron España. La sangrienta guerra de
los seis años que siguió --la Guerra Peninsular, conocida en España como la
Guerra de la Independencia -- en la cual se utilizaron las tácticas de
guerrilla y vandalismo, asestó un golpe mortal a la economía española.
REFORMAS BORBONICAS
En el presente capítulo hemos expuesto con algún detenimiento
cuáles fueron los cambios que el visitador José de Gálvez inició en el noroeste
de la Nueva España y que hemos llamado las reformas borbónicas. En este
apartado presentaremos algunas reflexiones sobre el fenómeno histórico
considerado en su conjunto, porque se trata de una combinación de
acontecimientos que incidieron profundamente en la sociedad regional y
modificaron el rumbo de su evolución al alterar las relaciones entre sus grupos
internos y también las relaciones con las sociedades regionales vecinas y con
la capital del virreinato e, incluso, con el extranjero. Fueron tan importantes
los cambios inducidos por las reformas borbónicas que podemos considerarlas
como un hito en el proceso histórico regional del noroeste en general y de
Sinaloa en particular.
Las reformas borbónicas llegaron del exterior, concretamente
de la corte imperial de Madrid; llegaron de fuera como llegó la conquista en el
siglo XVI. Afectaron todo el imperio, pues no eran sólo para la Nueva España y
menos privativas del noroeste. El objetivo último de los monarcas de Borbón era
la sujeción de las colonias para beneficio económico de la metrópoli: corregir
las fugas fiscales y promover la producción para aumentar así la recaudación de
impuestos. Para lograrlo se necesitaba reformar instituciones y procedimientos
viciados —a juicio de los reformadores— que se habían incrustado en las
sociedades coloniales y con los que ciertos grupos de privilegiados medraban al
amparo de la debilidad de los gobernantes de la casa de Habsburgo. El Consulado
de Comerciantes, algunas corporaciones religiosas como la Compañía de Jesús y
la misma institución del virreinato fueron el blanco de los golpes de los
reformadores.
Los cambios llamados de "libre comercio" minaron
las bases en las que se apoyaba el monopolio de los comerciantes almaceneros
del Consulado de México y resquebrajaron su poder económico y político. La
otrora corporación más poderosa de la Nueva España vino a menos; siguió como la
asociación más importante en la Colonia, pero ya no fue la única, ni la rectora
de la política comercial del virreinato ni la acaparadora de la riqueza
colonial. La expulsión de los religiosos de la Compañía de Jesús eliminó de la
política imperial a un opositor temible por su poder económico y su influencia
en los estratos ilustrados de la sociedad; además, la confiscación de sus
bienes produjo considerables ingresos a la hacienda del rey.
La implantación del sistema de intendencias pretendía que,
desde la metrópoli, se ejerciera un control más directo y efectivo sobre las
regiones del imperio. El intendente era un funcionario de la más alta
jerarquía, con un sueldo equiparable al del virrey y revestido de amplios
poderes en todos los ramos de la administración pública dentro del territorio
de su intendencia. El intendente era nombrado por el rey y a él debía responder
de su gestión. Aunque no se dijo de manera expresa, de hecho el sistema de
intendencias venía a suplantar la antigua institución del virreinato; o, en
otras palabras, en el sistema de intendencias el virrey no era necesario.
Resulta muy interesante observar que Antonio María de Bucareli y el segundo
conde de Revillagigedo, virreyes de intachable lealtad al monarca, respondieron
con disgusto a la limitación de su autoridad y la disminución de sus funciones.
Ciertamente, la ley seguía otorgándoles los omnímodos poderes que sus
antecesores ejercieron en todo el virreinato, pero ahora sólo a través de los
intendentes podían hacer uso de tales poderes, y los intendentes no dependían
del virrey. Por esto, los virreyes consideraron al intendente como una cuña que
había puesto el monarca para minar su poder.
La creación del ejército profesional fue también una de las
reformas más borbónicas, y su objetivo fue contar con una fuerza represiva
disciplinada y leal al rey. Las reformas lesionaron muchos y muy fuertes
intereses, así que el monarca debía tener a mano el instrumento para reducir a
los inconformes. El ejército profesional fue objeto de los máximos privilegios
concedidos por el rey, y era tanta su confianza en los altos cuadros del
ejército que casi todos los intendentes fueron oficiales de alta graduación.
Veamos la magnitud de los cambios producidos en la
gobernación de Sinaloa y Sonora que se transformó en la Intendencia de Arizpe.
La primera reforma de consideración fue la expulsión de los jesuitas que
eliminó de tajo una de las más importantes fuerzas económicas y políticas de la
región, con el aplauso de mineros, alcaldes mayores y comerciantes, pues
quedaba despejado el campo para que los ricos de la región recibieran más
trabajadores indígenas y tuvieran acceso a la propiedad de la tierra y el agua.
La política de incentivos a la minería también benefició a este grupo social,
que aumentó la producción de plata en forma considerable.
La creación de la Intendencia de Arizpe dotó a la región de
un aparato burocrático que no tenía; una autoridad superior en la persona del
intendente y un grupo de subdelegados nombrados por él y sólo dependientes de
él, a través de los cuales podía ejercer su autoridad en todos los puntos de la
intendencia; un aparato para la recaudación fiscal que extendió su campo de
acción hasta el cobro de diezmos y tributos (y el intendente tenía injerencia
en la administración de estos ingresos). Por medio de esta burocracia, el
intendente podía también ejercer funciones militares, judiciales y de fomento
de la economía regional. Y es de notar que este aparato burocrático se articuló
en la misma región, del intendente hacia abajo; ya no hubo alcaldes mayores
cuya lealtad estaba comprometida con los comerciantes de México. A pesar de las
fallas y confusiones, cosa explicable en un organismo nuevo y sin antecedentes
en la región, este aparato sirvió bien al desarrollo de los intereses locales.
La ruptura del monopolio comercial de la ciudad de México
puso término al más gravoso mecanismo de explotación de la región. De manera
simultánea, la llegada de comerciantes extranjeros abrió la oportunidad para
que los comerciantes locales, antes sujetos a los almaceneros de México,
pudieran operar por su propia cuenta y evitar que las ganancias generadas por
el comercio fluyeran hacia la ciudad de México. Los capitales mercantiles
acumulados podrían invertirse en la región para estimular el crecimiento de las
actividades productivas.
El gobierno de los intendentes de Arizpe favoreció al grupo
regional privilegiado, como se puede observar en la política de privatización
de la tenencia de la tierra, tanto de la baldía como la de las comunidades
indígenas. El empeño por repartir las tierras comunales conducía a favorecer
también a ese grupo, pues si bien la tierra se entregaba a indios y mestizos a
la larga pasaría a manos de los ricos, ya por compraventa o por despojo. Saúl
Jerónimo Romero ha estudiado este fenómeno en su libro De las misiones a los
ranchos y haciendas. La privatización de la tierra en Sonora, 1740-1860, en el
que muestra con detalle el acaparamiento de las tierras y aguas por un reducido
grupo de pudientes en lo económico e influyentes en lo político. La actitud de
los intendentes fue muy favorable con los comerciantes, como se observa con
claridad en la tolerancia o permisividad del contrabando de ingleses y estadounidenses,
a despecho de las leyes que prohibían el comercio con extranjeros.
Este comportamiento de los intendentes resulta explicable si
consideramos que necesitaban una base de sustentación regional si querían
conservar su puesto y ejercer sus funciones. El intendente era un forastero que
llegaba a la región respaldado por la autoridad de un rey muy lejano y
amenazado por la enemistad de un virrey más cercano, así que al hacer causa
común con los importantes de la intendencia de Arizpe encontraba un sólido
asidero que le permitía desafiar incluso la autoridad del virrey.
Esta cadena de cambios en la política y la economía del
noroeste novohispano produjeron el debilitamiento de las relaciones comerciales
y políticas con la ciudad de México, y por consiguiente la organización de la
economía tendió a reforzar su sentido regional, para beneficio de quienes
habitaban la región o al menos para cierto grupo. Antes, la zona dependía de
México en todos los aspectos: las decisiones políticas, económicas y religiosas
para la región se tomaban allá. Los gobernantes regían al noroeste,
principalmente, para beneficio de ciertas gentes de la capital; el noroeste era
una "colonia" de los almaceneros del Consulado de México. En este
periodo se debilitó mucho esta asimétrica relación que supeditaba nuestra
región a los intereses de algunas personas del centro. Éste es un hecho que no
debemos perder de vista en el curso de los sucesos posteriores.
En capítulos anteriores dijimos que a finales del siglo XVII
se habían delineado con precisión los tres principales grupos sociales surgidos
de la conquista y colonización de las provincias del noroeste. Un grupo de
prominentes, pequeño en número pero grande en poder económico y político,
formado por autoridades, comerciantes, mineros, capitanes de presidio y
religiosos jesuitas, todos ellos españoles aunque sólo algunos peninsulares. El
segundo grupo, el más numeroso, formado por los indios, especialmente aquellos
que estaban integrados en comunidades misionales, que eran propietarios
colectivos de la tierra y del agua y cuya organización les daba fuerza
económica y política, bajo la tutela de los jesuitas. El tercer grupo social,
el de los mestizos, mulatos y negros, era el intermedio por el número de sus
integrantes, que vivían del alquiler de su trabajo a los dueños de las minas y
de las tierras o bien eran artesanos independientes.
Con la repercusión de las reformas borbónicas se inició una
transformación profunda en el concierto de estos grupos sociales. Del grupo de
los españoles desapareció el poderoso sector de los religiosos jesuitas, se
integraron otros clérigos, como los párrocos seculares, los misioneros
franciscanos y el nuevo obispo, pero su influencia no alcanzó el grado que
había tenido el poder de los jesuitas. Los integrantes de este grupo
(autoridades de la intendencia, propietarios de tierras, mineros y otros
empresarios) trabajaron en armonía y con sus intereses más centrados en la
región que en México.
El segundo grupo, el de los indios de comunidad, resultó muy
afectado por las reformas borbónicas que aniquilaron el sistema de misiones
jesuíticas. La política reformista tendía a la anulación de la propiedad
comunitaria y a la implantación de la propiedad privada de los recursos de la
comunidad. Se inició un lento pero irreversible proceso de cambio que tendía a
la destrucción de las comunidades y a la asimilación de los indios al tercer
grupo social, el de los desposeídos.
El grupo de los mestizos y mulatos fue el que creció más
entre 1767 y 1821, pero no resultó beneficiado por las reformas borbónicas,
sino que fue mejor controlado y objeto de las exacciones fiscales de una
burocracia más amplia y eficiente.
2.3 SIGLO XVIII EN EL PERU
Para estudiar con precisión la sociedad colonial en el siglo
XVIII, es preciso tomar en cuenta sus dos principales contradicciones: las de
carácter económico, mediante las cuales apreciamos la existencia de diversas
clases; y las de carácter socio-cultural, que nos permiten ver la presencia de
naciones enfrentadas.
La nación española es
la dominante y la nación india es la dominada. Una acumula riqueza y poder, a
costa del sudor, sangre y extermino de la otra. Pero tanto o más importante que
ese abismo económico, son sus diferencias socio-culturales. Una es diferente a
la otra por historia, tradición, costumbres, idioma, raza, etc. Por eso
hablamos de naciones enfrentadas. Pero los criterios de clase y de nación son
complementarios.
2.3.1 LA NACIÓN
ESPAÑOLA
En un primer plano está la nación española, que es la
dominante, compuesta por españoles peninsulares y españoles americanos
(criollos). Ambas facciones estuvieron siempre en colusión y pugna, utilizando
al estado colonial dependiente de la metrópoli como principal instrumento de la
dominación.
La nación española dominante no formaba un bloque homogéneo.
Porque tuvo al interior sus contradicciones de clase. En la cúspide de la
jerarquía aparentemente figuraban los españoles peninsulares, que formaban la
alta burocracia colonial, detentando por tanto el poder. Allí están el virrey,
el visitador, los oidores, corregidores, arzobispos y obispos, generales y
almirantes, etc. Pero con el transcurrir de la vida virreinal los españoles
americanos o criollos llegaron también al poder, pues poseyendo la riqueza no
sólo corrompieron a todas las autoridades peninsulares, haciéndolas juguete de
sus intereses, sino que compartieron los altos cargos civiles, religiosos y
militares. Un caso muy ilustrativo es el de la Real Audiencia de Lima, que en
el siglo XVIII tenía mayoría criolla.
Los poseedores de la riqueza en el siglo XVIII son, como
hemos dicho, en su mayoría criollos. En primer lugar podemos citar a los
terratenientes feudales, principalmente ganaderos. En el siglo XVIII las
haciendas se expanden por varios factores, consumándose el despojo cada vez más
creciente de las comunidades campesinas. Poseer mayor extensión de tierras
permitía acceder a una mejor posición social, y con su riqueza los
terratenientes feudales compraron títulos de nobleza. Pero otro sector a
tomarse en cuenta es el clero, que es también gran propietario de tierras. Los
hacendados ganaderos tenían una buena posición, pues proveían de carne a las
minas y ciudades; de lana a los obrajes, etc.
En segundo lugar debemos citar a los propietarios de minas y
obrajes, que utilizando abusivos mecanismos también se convierten en
propietarios de haciendas. La minería y la industria textil están
principalmente bajo el control de particulares; y el estado se beneficia sólo
fiscalizando la producción.
En tercer lugar hay que mencionar a la burguesía comercial
financiera que se organiza en Lima, dedicándose al comercio de importación y
exportación. Son los grandes comerciantes de mercaderías, que en el siglo XVIII
utilizan a los corregidores como instrumentos para acumular mayores ganancias.
Están estrechamente vinculados con los terratenientes, propietarios de minas y
obrajes, todos articulados en un nuevo mecanismo de dominación que emerge con
la implantación del reparto. Conviene aclarar que algunos de los miembros de
esta burguesía comercial provinieron del sector terrateniente, principalmente
limeño, pues un propietario de haciendas y esclavos podía ser a la vez un rico
comerciante.
Todos los sectores hasta aquí citados, vale decir, la alta
burocracia colonial, los terratenientes feudales, los dueños de minas y
obrajes, y la burguesía comercial financiera, conforman el sector de los ricos,
propiamente dichos, al interior de la nación española dominante.
Pero hay debajo de ellos blancos menos ricos, entre los que
podemos mencionar a los medianos propietarios de tierras, chacareros y
granjeros, y la pequeña burguesía, conformada por los comerciantes,
principalmente de provincias, los profesionales y la burocracia menor.
Finalmente, hay también blancos pobres, un sector casi
lumpenesco, en el que se confunden aventureros, desocupados, prostitutas,
etc.
2.3.2 LA NACIÓN INDIA
La nación india o dominada es la mayoritaria. Pero tampoco
forma un bloque homogéneo, pues muestra grupos diferenciados: caciques o
curacas; campesinos de las comunidades o ayllus; forasteros; y yanaconas.
Además debemos comprender en esta nación a los diversos grupos selváticos.
2.3.2.1 Los caciques
o curacas: Conformaron el grupo privilegiado dentro de la nación india. A
mediados del siglo XVIII sumaban algo más de dos mil, cada uno con un promedio
de trescientos indios bajo su mando. En su mayoría son descendientes de los
Incas o de los señores provinciales prehispánicos. El estado colonial les
reconoció privilegios, porque a cambio de ello los caciques colaboraron con
españoles y criollos en la opresión y despojo de la masa campesina.
Los caciques sirvieron como intermediarios en la recaudación
de tributos y en el reclutamiento de mitayos. En pago recibían una parte del
tributo y el derecho a usar limitadamente la mano de obra gratuita de los
pueblos indios.
Los caciques eran ricos, poseían grandes propiedades de
tierras. A veces contraían matrimonio con blancas, seguramente en el afán de
escalar la jerarquía social; pero nunca lograron esto último, pues por rico que
fuese el curaca no dejó de ser un indio para el español, que lo despreció por
prejuicio racial, considerándolo de raza inferior, lo que no impidió al curaca
circular en todas las esferas de la sociedad colonial. Ningún curaca accedió al
clero ni a la burocracia.
Además de hacendado, el curaca podía ser comerciante. Hubo
varios que se dedicaron al arrieraje, entre ellos Túpac Amaru. De otro lado,
llegó a tener mando militar, pero sólo entre los indios, como jefe de milicias.
Casi todos los caciques sabían leer y escribir. Para ellos es
estado colonial creó los colegios de caciques, en Lima y el Cuzco, regentados
por los jesuitas, en los que adquirieron una cultura universal, poniéndose al
tanto de lo que sucedía en el mundo. No ignoraban, por ejemplo, los problemas
de España, en constante guerra con otras potencias imperialistas europeas, caso
Inglaterra. Allí también conocieron y se entusiasmaron con los
"Comentarios Reales" del Inca Garcilaso, visión idílica y utópica del
pasado imperio que cimentó en ellos un orgullo nacionalista. Compararon el
deficiente gobierno colonial español con el muy bien organizado del
Tahuantinsuyo, sacando en conclusión que los Incas fueron mejores gobernantes
que los extranjeros.
Pero llegó el momento en que los caciques se transformaron de
aliados en opositores del sistema. Esto se dio con nitidez promediando el siglo
XVIII, al dañar seriamente el reparto mercantil sus privilegios. Se les obligó
a servir de intermediarios en ese nuevo mecanismo de exacción y se les hizo
responsables por las deudas que los indios del común no pudieron cancelar. Los
corregidores los trataron como a cualquier indio, despojándolos y
precipitándolos a la miseria.
Conjuntados los factores culturales (orgullo nacionalista
frente a la discriminación racial) y económicos (perjuicios por el reparto
mercantil), cobró fuerza el Movimiento Nacionalista Inca, convirtiéndose los
caciques en voceros de las reivindicaciones de los indios del común, primero
por la vía legal y finalmente a través de la insurgencia armada.
2.3.2.2 Los
campesinos: En un segundo plano ubicamos la presencia de los pueblos indios
(ayllus o comunidades), que todavía mantienen sus propiedades colectivas
resistiendo tercamente ante el despojo que perpetran en forma cada vez más
creciente los terratenientes.
Estas mayorías indias de los ayllus campesinos son las que
obligatoriamente pagan tributos al rey de España; primero lo hicieron en
especies y desde 1697 en dinero. Los pueblos indios, además, están obligados a
servir en las mitas, esto es, en el infierno de las minas y obrajes,
principalmente, donde se produce un terrible genocidio. Y por si no fuera mucho
el eterno suplicio, sobre la masa campesina se impone el reparto mercantil, que
en el siglo XVIII se convierte en la más insufrible de las plagas, pues conduce
a la desesperación y finalmente a la rebeldía.
Algunos indios huyen de sus pueblos para escapar de los
tributos, las mitas y los repartos. Y al entrar en otros pueblos son
considerados como forasteros, lo cual es un pasajero alivio, pues esa condición
los exime de tributos y mitas, aunque no del reparto. Pero para sobrevivir, y
especialmente para pagar ese reparto, el forastero se ve obligado a buscar un
nuevo trabajo, y termina de yanacona en las haciendas, en las que su situación
vuelve a empeorar.
Los yanaconas son los siervos de las haciendas, que trabajan
para el terrateniente feudal a cambio de una parcela de tierra para su
supervivencia. No están obligados al tributo ni a la mita, pero en las
haciendas padecen tanto como el resto de los indios. El hacendado es el supremo
señor en sus tierras y explota a sus siervos con extremado rigor.
Un punto aparte merece la mención a las naciones indias
selváticas, que son sociedades pre-clasistas o esclavistas patriarcales.
Algunas de ellas fueron sometidas por los invasores occidentales a esclavitud y
servidumbre, pero en su mayoría resistieron con éxito. Por ello, uno de los
líderes del Movimiento Nacionalista Inca, Juan Santos Atahualpa, escogió la
selva central para desarrollar allí la guerra liberadora, que se mostró
triunfante durante varios años.
2.3.3. LAS MINORÍAS
Hay en la sociedad colonial grupos minoritarios que no
pertenecen ni a la nación española ni a la nación india. Estamos hablando de
los mestizos (cruce de blanco con indio) y de las castas (cruce de negro con
blanco, que da mulato, y de negro con indio que da zambo). Posiblemente, cuando
los documentos coloniales hablan de cholo, se están refiriendo al cruce de las
tres razas. Otro grupo minoritario fue el de los negros.
2.3.3.1 Los mestizos
y las castas: No todos fueron iguales. Tuvieron grupos diferenciados según su
capacidad económica.
Hay medianos y pequeños propietarios de tierras, como
chacareros y granjeros. Hay pequeña burguesía: comerciantes menores. Hay
artesanos y trabajadores de diversos oficios, como sastres, herreros,
zapateros, etc. Y también un sector al margen de la ley, compuesto por vagos,
bandoleros, prostitutas, etc.
Están exceptuados de pagar tributo, pero en varias ocasiones
los visitadores tratan de incluirlos en las listas de tributarios, dando lugar
a revueltas antifiscales. Pero sí reciben reparto del corregidor, en los
núcleos urbanos de provincias, principalmente.
2.3.3.2 Los negros:
Tienen también grupos diferenciados. Primero, el de los libres o libertos, que
de alguna manera han dejado de ser esclavos convirtiéndose en pequeños
propietarios, modestos comerciantes, artesanos, etc.
Está luego el amplio sector de esclavos, en el que es posible
diferenciar los esclavos domésticos de la ciudad, que viven más o menos
cómodamente; y los esclavos del campo, braceros de las haciendas que padecen
severa explotación.
Finalmente están los
cimarrones, o sean los negros que habiendo fugado de la esclavitud se trasladan
al monte, estableciendo efímeros palenques que son rápidamente destruidos por
las autoridades virreinales y los hacendados. Quienes escapan de la dura
represión terminan de salteadores de caminos, pues es la única vía que se les
presenta para sobrevivir.
2.3.4 SITUACIÓN DE
LAS MAYORÍAS INDIAS
En el siglo XVIII, tanto o más que en los siglos anteriores,
la opresión colonial se puso de manifiesto de la manera más inhumana. Dejaron
testimonio de esa situación no sólo representantes indios, como Vicente Mora
Chimo o Juan Huáscar Vélez de Córdova, sino incluso funcionarios españoles que
pasaron a estas tierras enviados por la corona, como Jorge Juan y Antonio de
Ulloa, quienes corroboraron lo denunciado en el siglo XVII por los valientes
criollos limeños el abogado Juan de Padilla y el fraile Buenaventura de Salinas
y Córdova. Todos coincidieron en mostrar los horrores de la dominación,
señalando que la nación española vivió del sudor, sangre y exterminio de la
nación india.
La maquinaria de dominación funcionó en base a tres
instrumentos fundamentales: el tributo, la mita y el reparto mercantil.
2.3.4.1 El tributo: Los pueblos indios fueron obligados a
pagar un tributo al rey de España, en reconocimiento de vasallaje. Estuvieron
exonerados de ese pago los indios forasteros y los indios yanaconas. En un
principio el tributo se pagó en especies, con lo que los pueblos indios
producían en sus tierras comunales. Fue el virrey Toledo quien por 1570
organizó ese pago, fijando una tasa de tributación. En ese tiempo se encargaron
de recaudarlo los encomenderos, quienes a cambio se quedaban con una buena parte.
Pero desde 1697 la corona exigió el pago de tributo en
dinero. El indio no tenía mercado para vender lo que producía en su tierra, y
para conseguir dinero tuvo que ofertar su fuerza de trabajo en haciendas, minas
y hasta obrajes. Y al ofrecerse masiva mano de obra, el salario se redujo,
complicándose su situación. A medida que fueron suprimiéndose las encomiendas,
el corregidor quedó encargado de recaudar el tributo; y en 1720 se convirtió en
el único recaudador, al extinguirse las encomiendas. El abandono que hacían los
indios de sus tierras para emplearse, favoreció la expansión de la propiedad
terrateniente. A veces los indios no volvían a ellas, que eran declaradas
baldías, poniéndose a la venta.
A mediados del siglo
XVIII, legalizado el reparto mercantil, empeoró la situación. El reparto,
convertido en el principal mecanismo de exacción, perjudicó varios intereses.
Atentó contra la corona, pues a diferencia del tributo que se pagaba para el
rey, el reparto benefició a particulares (la burguesía comercial que proveía
mercancías; el corregidor que las repartía; etc.). El corregidor prefirió el
cobro de lo que más le daba provecho, llegando a extremos increíbles. El
reparto fue tan abusivo y su cobro tan riguroso, que por pagarlo el indio quedó
imposibilitado de pagar el tributo, y al quedar insolvente, después de haber
perdido lo poco que le quedaba, el indio fue encarcelado o vendido como
esclavo.
La corona, viendo
disminuir peligrosamente la tributación y recibiendo informe sobre lo escandaloso
del reparto, envió al Perú al visitador José Antonio de Areche con amplios
poderes, por encima incluso que el virrey. Areche aplicó entonces una nueva
política fiscal, estableciendo aduanas, subiendo el impuesto de la alcabala y
proyectando incluir en la lista de tributarios no sólo a los indios que hasta
entonces habían estado exonerados (forasteros y yanaconas), sino incluso a los
mestizos, cholos y castas.
Ello daría motivo al
estallido de revueltas antifiscales. En Huaraz el movimiento fue dirigido por
mestizos, que no pedían la supresión del tributo, sino simplemente mantenerse
exonerados de pagarlo. Por ese tiempo fue que estalló la Revolución de Túpac
Amaru, una de cuyas miras fue la abolición del tributo. Areche renunció
entonces a su proyecto de incluir a los mestizos y castas entre los
tributarios, temiendo que por esta causa esos grupos se plegaran a Túpac Amaru,
que los llamaba a su lado.
Como se sabe, la
revolución fue derrotada, y el indio siguió pagando el tributo, no sólo en el
resto de la dominación colonial, sino incluso en la república, pues recién lo
suprimió el mariscal Ramón Castilla en 1856.
2.3.4.2 La mita
colonial: Según las leyes de Indias, los aborígenes eran hombres libres, como
vasallos del rey de España. En la práctica fueron casi esclavos.
Una real cédula señalaba que a nadie debía darse indios en
particular; pero añadía que si existían necesidades o conveniencias, los indios
estaban obligados a alquilarse saliendo a las plazas y lugares públicos para
que allí los contratasen por días o por semanas. Esa disposición estipulaba
además que los indios estaban en libertad de escoger a sus contratantes; y que
podían fijar el tiempo de su trabajo y el monto de su retribución. En la
práctica, todo ello fue burlado, pues estos indios de alquiler padecieron lo
indecible.
En el Perú, los españoles y criollos interpretaron esa real
cédula como mejor les convino. Las conveniencias dieron lugar a que el alquiler
fuese convertido en mita colonial, sobre la base de la mita Incaica que fue
deformada.
La mita colonial fue el trabajo personal y obligatorio del
indio en servicio del estado. Así se definió en teoría. Pero en la práctica,
los grandes beneficiados fueron los potentados particulares, tocándole al
estado sólo una participación en las exacciones. La ley decía que correspondía
a los cabildos sortear a los mitayos y que éstos debían servir sólo un
semestre. Esto también fue letra muerta. No hubo tales sorteos, los mitayos
fueron cogidos como animales. Y tampoco para servir sólo un semestre, porque a
veces sirvieron en la mita hasta morir.
Utilizando diversas argucias, la clase dominante colonial
esclavizó a los indios mediante la mita, sin interesarle sus nefastas
consecuencias. La mita permitió el lucro de los opresores, pero con el
genocidio de los oprimidos. La mita se destinó para las minas y obrajes,
principalmente; pero también para el servicio doméstico en los centros urbanos;
para chasquis, etc.
Fue tan bárbara esa opresión que los indios huían de sus
pueblos para salvarse de la mita, dejando deshabitadas sus tierras; éstas eran
entonces declaradas baldías y las adquirían los españoles o criollos, con lo
cual se extendió la propiedad terrateniente. Ocurrió también que muchos mitayos
no pudieron volver a sus tierras, al ser condenados de por vida por deudas
impagables; sus tierras pasaron entonces a poder de los hacendados.
La mita sirvió así para el enriquecimiento de terratenientes,
propietarios de minas y propietarios de obrajes. Sobre sus horrores hay
numerosos testimonios, no sólo de indios, sino incluso de criollos y hasta de
españoles. Citaremos sólo uno, el del criollo limeño Juan de Padilla, alcalde
del crimen de la Real Audiencia, quien el 20 de julio de 1657 firmó un Memorial
de los trabajos, agravios e injusticias que padecen los indios del Perú,
documento válido para toda la época de la dominación colonial:
"... sienten los
indios tanto el trabajo de la mina de Huancavelica -escribió Padilla-, que es
constante que muchas madres lisian a su hijos cuando niños, de brazos y de
piernas, por excusarlos de él cuando grandes... Pende este trabajo sólo del
sudor, sangre y vida de estos indios... y salen los mineros a la caza de ellos,
o esperándolos en los caminos o sacándolos engañados de sus pueblos... y los
cazan y los llevan en colleras y prisiones a sus minas, donde los hacen
trabajar como quieren, y bien se deja entender cómo, sin que los desdichados
tengan a quien volver los ojos para que los saquen de esa rigurosa opresión y
violencia, de día y de noche los tienen desaguando las minas, trabajo en el que
han de morir muchos...
"(Y) traen a los obrajes a los muchachos de cinco años
para arriba, y denles a hilar lana, y a éstos y los de más edad, si al entregar
la tarea no está bien hilada, los matan a azotes, y tienen señalados verdugos para
esto... Tienen unos que llaman guatacos, que en la lengua general de los indios
quiere decir los que amarran o prenden, y que son de ordinario mestizos, que
sirven para coger a los indios que faltan o huyen, y los traen amarrados a los
obrajes donde los meten en cepos, grillos y prisiones... (y) si el indio que
buscan no aparece, llevan esos guatacos al padre por el hijo, a la mujer por el
marido, o a su pariente o vecino más cercano.
"(Y) aprovéchense y fuerzan a las mujeres,
principalmente a las hijas, y a veces con consentimiento de los padres, porque
les excusen de llevar a los obrajes. (Y) róbenles lo que tienen... Tienen en
los obrajes pulperías y tiendas públicas, y como los indios (reciben
ingenuamente) lo que le dan de fiado, dánselo a excesivo precio, y estando
dispuesto por ordenanzas de este reino que no se puede fiar a indios arriba de
diez o doce patacones, hay indios que están empeñados en ciento, doscientos,
quinientos y hasta más pesos, con que son perpetuos esclavos de los obrajes, porque
es imposible que puedan pagar... (Y) pasan los indios estos agravios sin
esperanza de remedio".
Los líderes indios reclamaron siempre la abolición de la
mita, y en la guerra de Túpac Amaru una de las primeras acciones
revolucionarias fue el incendio y arrasamiento de los obrajes, con liberación
de los mitayos. La mita recién fue abolida en 1812. Pero posteriormente
resucitaría en la república bajo diversos disfraces.
2.3.4.3 El reparto
mercantil: En el siglo XVII comenzó a desarrollarse un nuevo mecanismo de
dominación, que se extendió en el siglo XVIII agudizando las contradicciones
sociales.
Consistió en la venta forzosa de diversas mercancías, que
hicieron los corregidores en los territorios a su cargo, opresión que se dejó
sentir terriblemente sobre los indios, aunque también se hizo extensiva a los
mestizos, castas y criollos pobres.
El reparto sirvió a los intereses de varios grupos
particulares. En primer lugar a la burguesía comercial, que de esta manera
encontró mercado para lo que importaba, con parte de cuya ganancia financió el
florecimiento de la minería, industria textil, ganadería y agricultura, en el
afán de impulsar una producción que se encargó de exportar. Esta burguesía
otorgó mercaderías en crédito y con interés a los corregidores, quienes de la
manera más brutal se encargaron de aplicar ese nuevo mecanismo de
dominación.
Conviene recalcar ello: Los corregidores fueron instrumentos
de un nuevo mecanismo de dominación que benefició a la burguesía comercial de
Lima que se alió con los terratenientes feudales y propietarios de minas y
obrajes. De esta forma, los potentados criollos pasaron a ser la facción
dominante, corrompiendo a toda la alta burocracia colonial, incluido el virrey.
Se repartía a un precio multiplicado toda clase de
mercancías, en su mayoría superfluas para los indios.
Se repartía no lo que ellos necesitaban, sino lo que al
corregidor se le ocurría. Por ejemplo, medias y listones de diversa calidad y
color, rejas para ventanas, ropa occidental usada, etc. Y esto llegó a extremos
increíbles, como en el caso de un corregidor que repartió collares de simples
piedrecillas aduciendo que servían para curar las paperas.
Con el reparto se masificó la mano de obra. El indio tuvo que
buscar cualquier trabajo adicional al que realizaba en sus tierras comunales,
para procurarse el dinero que le permitiese pagar el reparto.
Fue tanta la codicia de los corregidores, que el abuso llegó
a horrores, al punto que finalmente los indios se vieron imposibilitados de
pagar sus deudas. Masificada la mano de obra, el pago por el trabajo fue cada
vez menor, y no bastó para cubrir el costo del reparto. Conviene señalar que
los indios no tuvieron mercado para vender lo que producían sus tierras; y la
tragedia sobrevino al quedar insolventes, pues el corregidor se cobró
despojándoles de sus animales, de sus sementeras, de sus cosechas y finalmente
de sus tierras, que inmediatamente pusieron en venta. De esta manera, el
reparto favoreció también la expansión de la hacienda.
La pequeña burguesía, sobre todo los comerciantes de las
provincias, tanto los arrieros como los dueños de tiendas, se perjudicó también
notablemente, pues el corregidor monopolizó el comercio interior: en el campo
repartía entre los indios; y en la ciudad entre todos los otros grupos, con
excepción de los criollos y españoles ricos.
Otro sector tremendamente afectado por el reparto fue el de
los caciques. Al principio aparentemente los había favorecido, pues sirviendo
de intermediarios recibieron el 4% de las recaudaciones. Pero con el paso del
tiempo se advirtió otra realidad. Al no poder pagar los indios del común el
reparto, sus caciques quedaron como responsables de las deudas, por el hecho de
haber repartido como intermediarios la mercancía. Frente a ellos no tuvo el corregidor
ninguna contemplación, despojándoles de sus propiedades y empujándolos poco a
poco a la miseria.
Fue entonces que la mayoría de caciques pasó al campo
opositor del sistema, adhiriéndose al Movimiento Nacionalista Inca y asumiendo
además las reivindicaciones de la masa campesina. Con esto, anularon
relativamente la contradicción que existía al interior de la nación india, pues
los campesinos vieron en los caciques a sus legítimos líderes. Primero fueron
las protestas legales ante las autoridades coloniales; y al fracasar éstas, se
pasó a la insurrección armada.
Pese a que el reparto beneficiaba fundamentalmente intereses
particulares, la corona, seguramente por tener centrada su atención en las
guerras europeas, dejó progresar el reparto. De él sólo alcanzaba beneficio
indirecto, con la venta del cargo de corregidores, que aumentó en su
cotización; y con el gravamen impuesto a las mercancías que se comercializaba
(alcabala). Pero en cambio se vio grandemente perjudicada ya que el auge del
reparto produjo la disminución del tributo real. Temerosos de la autoridad del
cercano corregidor más que la del lejano monarca, los indios priorizaron el
pago del reparto, descuidando el pago del tributo. Con ello el clero fue
también perjudicado, pues recibía diezmos, es decir la décima parte del
tributo. Ello explica que frailes y curas, sobre todo de provincias,
denunciaran los excesos del reparto.
En 1751 reaccionó la corona, pero de manera contraproducente.
Ordenó al virrey contener los abusos del reparto, formando una junta de cuatro
ministros que fijase un tope en el volumen y precio de las mercaderías a
repartirse en cada provincia. Con sólo hacer esta demanda, la corona reconoció
la validez del reparto. Por tanto, lo legalizó. El virrey, mero instrumento de
los potentados criollos, organizó la junta tal como éstos la quisieron, y se
elaboró la tasa solicitada, que el rey aprobó en 1754.
Se agravó entonces la situación para los pueblos indios.
Hasta esa fecha, al no poderse quejar ante el corregidor que era su principal
verdugo, habían recurrido a cabildos y audiencias, que a veces transmitieron
esas quejas a la corona. Ahora, los cabildos y las audiencias dejaron de tener
competencia en la cuestión, pues todo lo relacionado al reparto se derivó a la
junta de ministros formada en Lima, vale decir, a los otros verdugos.
Aumentaron en consecuencia las rebeliones locales contra el
reparto, que entre 1760 y 1779 estallaron en varias provincias del virreinato,
creando condiciones propicias para la gran sublevación de 1780.
Los virreyes que gobernaron en aquel período, Amat
(1761-1776) y Guirior (1776-1780), fueron simples instrumentos de los intereses
de la burguesía comercial criolla, y nada hicieron por contener el régimen de
terror impuesto por los corregidores.
Por entonces estaba en el trono el rey Borbón Carlos III,
quien en uno de los breves períodos de paz que tuvo en Europa, se propuso sacar
a España del letargo en que se encontraba, a la zaga del desarrollo de otras
potencias. Pero para impulsar ese progreso requería de capital, y el dinero no
afluía como antes de las colonias. Decidió por ello el envío de visitadores
generales y al Perú vino José Antonio de Areche, con poderes amplios por encima
del virrey. Areche llegó en 1778 y de inmediato implantó una severa política
fiscal. Su intención fue terminar con el trastorno causado por el reparto y
creyendo perjudicar a los corregidores estableció aduanas y aumentó la alcabala
del 4% al 6%, entendiendo que así mejoraría la recaudación proveniente del comercio.
Y además de ello, quiso ampliar las entradas que provenían del tributo al rey,
intentando incluir en las listas de tributarios ya no sólo a los indios de las
comunidades, sino también a los forasteros y a los yanaconas de las haciendas,
e incluso a los mestizos y a las castas. En su primer año de gestión tuvo
aparente éxito, pues los ingresos del fisco aumentaron por primera vez después
de largo tiempo.
Pero ese éxito fue aparente, porque la severa política
provocó las revueltas antifiscales. Unos se amotinaron contra el proyecto de
ser incluidos entre los tributarios, como los mestizos de Huaraz en 1779; y
otros porque fueron perjudicados por las aduanas y alza de alcabala, como fue
el caso de la pequeña burguesía comercial de las ciudades del interior.
En los primeros meses de 1780 hubo revueltas en Puno,
Arequipa, Cuzco, La Paz, Cochabamba, etc. Los cabildos de esas ciudades
defendieron los intereses de esa pequeña burguesía provincial a la que
representaban, y aduciendo que las revueltas podían crear una conmoción más
grave, suspendieron el establecimiento de las aduanas y volvieron la alcabala a
su tarifa original del 4%.
Respecto a los mestizos y castas, tampoco pudieron ser
incluidos entre los tributarios, Y Areche no pudo hacer frente a esa reacción,
porque el virrey se alineó con los intereses de la burguesía comercial. Fue por
ello que el visitador recomendó al rey el cambio de Guirior, que ese mismo año
fue suplantado por el capitán general Agustín de Jáuregui. De acuerdo con éste,
Areche hubiese seguramente extremado el rigor de su política frente a los
criollos, en resguardo de los intereses de la corona, pero entonces se desató
la Revolución de Túpac Amaru, quien quiso recoger las demandas de los varios
sectores afectados por su renovada política fiscal.
Ante el peligro, ante el racismo desde abajo que desbordó las
originales concepciones de Túpac Amaru, todos los no-indios, en su gran
mayoría, dejaron de lado sus contradicciones y se unieron en un solo bloque
para aplastar la revolución.
Túpac Amaru proyectó la abolición del reparto y el exterminio
de los corregidores, entre otros ideales. Algo similar quiso Areche, quien en
1780 abolió el reparto y en 1784 eliminó los corregimientos. Pero el primero
buscó además la independencia, mientras que el segundo trabajó más bien para
reordenar la dependencia.
2.3.5 LOS MOVIMIENTOS POPULARES
Todos los grupos de una u otra forma fueron afectados por la
dominación colonial, desarrollaron en el siglo XVIII varios movimientos en
respuesta a diversas motivaciones y con un componente social distinto.
Didácticamente, podemos hablar así de: 1) Luchas de las
minorías no-indias; y 2) Luchas de las mayorías indias.
2.3.5.1) Las luchas de las minorías no-indias: Comprendemos
aquí las protagonizadas por esclavos negros, vale decir del cimarronaje; y las
revueltas antifiscales que protagonizaron básicamente los criollos pobres,
mestizos y castas.
a) El cimarronaje: Fue la forma de lucha adoptada por los
negros que padecían cruel esclavitud en las haciendas, principalmente de la
costa. Se había dado con frecuencia en los siglos XVI y XVII, pero en el siglo
XVIII existen de ella pocas referencias. Se conoce, por ejemplo, la sublevación
negra en las haciendas de San Jacinto y San José de ICA, el año 1768.
Los negros esclavos fugan de las haciendas en procura de la
libertad, y tratan de esconderse en los montes donde a veces construyen palenques
o se convierten en salteadores de caminos. Siempre fueron brutalmente
reprimidos por el estado y los terratenientes.
Cabe señalar que los líderes del Movimiento Nacionalista
Inca, como Juan Santos Atahualpa, Francisco Inca y Túpac Amaru, intentaron
conjuntar en sus luchas a los negros esclavos, sin ningún éxito. Los negros que
se plegaron a Juan Santos y a Túpac Amaru fueron la excepción de la regla.
b) Las revueltas antifiscales: Como su nombre lo indica,
fueron movimientos contra la política fiscal del estado. Ella afectó
fundamentalmente a la pequeña burguesía, compuesta por criollos pobres,
mestizos y castas. Tuvo como escenario las ciudades, y sólo en contadas
ocasiones los indios fueron arrastrados en ellos, sin que se defendieran sus
reivindicaciones. Surgieron como respuesta a dos formas de agresión:
En primer término, contra el intento mostrado por algunos
visitadores generales de incluir en las listas de tributarios a los mestizos,
cholos y castas. Por esta causa estalla la revolución en Oropesa, Alto Perú, el
año 1730, comandada por el platero mulato Alejo Calatayud; y la de 1779 en
Huaraz, donde la población mestiza era apreciable.
En segundo término, contra la nueva política fiscal
implantada en 1778 por el visitador Areche, con el establecimiento de aduanas y
el alza de la alcabala del 4 al 6%. Esto provocó revueltas en varias ciudades,
como Arequipa, Cuzco, Puno, La Paz, Cochabamba, etc. Aprovechando la conmoción,
los cabildos que representaban a los sectores alzados, suspenden la aplicación
de la nueva política fiscal. Areche no tiene tiempo de reaccionar pues a
continuación se desata la Revolución de Túpac Amaru, quien en el intento de
formar un frente amplio de clases oprimidas, asume entre sus objetivos la lucha
contra los pesados gravámenes. Ello nos explica el por qué una parte de la
pequeña burguesía se plegó a la revolución.
2.3.5.2) Las luchas de las mayorías indias: Conjuntamos aquí
los movimientos que recogieron la protesta y el ideal de las mayorías
campesinas, diferenciando las luchas inmediatistas, como fueron las rebeliones
locales, del proyecto de mayor envergadura, con programa, ideología y ejército,
como fue el que gestó el Movimiento Nacionalista Inca. Las rebeliones locales
se dieron a lo largo de todo el siglo XVIII, desarrollándose paralelamente el
Movimiento Nacionalista Inca.
a) Las rebeliones locales: Fueron movimientos espontáneos,
improvisados y de miras inmediatistas, que surgieron como respuesta desesperada
del campesinado a la situación de inhumana opresión en que vivía. Su escenario
fue el campo. Allí el elemento visible de la dominación era el corregidor, y
las rebeliones terminaron a veces con la muerte o fuga de esos odiados
funcionarios. Ello no solucionó nada pues a un mal corregidor sucedió otro peor.
Las rebeliones fueron fundamentalmente en contra del
insoportable reparto; pero también en contra de la mita, como lo demuestra el
incendio de algunos obrajes.
Se dieron a todo lo largo del siglo XVIII, siendo su ciclo
mayor el comprendido entre 1770 y 1779, que precede a la Revolución de Túpac
Amaru, uno de cuyos objetivos fue la abolición del reparto y el exterminio de
los corregidores. Las rebeliones estallaron en diversas regiones del
virreinato, con mayor incidencia en Apurímac, Cuzco y el Alto Perú.
b) El Movimiento Nacionalista Inca: Fue el investigador
norteamericano John Rowe quien acuñó esta denominación para referirse a un
movimiento indio de mayor envergadura, que toma fuerza en el siglo XVIII
liderado por caciques que en su mayoría se consideran descendientes de los
Incas.
Este movimiento tiene
un importante antecedente en el siglo XVII, cual fue la conspiración india que
se descubrió en Lima el año 1666, liderada por Gabriel Manco Cápac, movimiento
que tuvo como objetivo matar a todos los españoles. Las características allí
presentes son las que se dan en el Movimiento Nacionalista Inca del siglo
XVIII.
En primer lugar, su carácter anticolonial, pues se fija como
meta acabar con el dominio español. En segundo lugar, su carácter mesiánico,
pues pretende la restauración del Imperio de los Incas. En tercer lugar, que
sus líderes tiene o adoptan nombres de antiguos emperadores del Tahuantinsuyo:
Juan Huáscar Vélez de Córdova en 1739, Juan Santos Atahualpa Apu Huayna Cápac
en 1742, Francisco Inca en 1750 y José Gabriel Túpac Amaru en 1780.
Se aprecia en el Movimiento una ideología nacionalista, que
se nutre en la lectura y difusión de los Comentarios Reales del Inca Garcilaso,
cuya visión idílica y utópica encaja con los intereses de sus líderes, que
provienen del sector de los caciques.
Ese grupo, enriquecido en la primera etapa de la dominación
colonial, no accede nunca al poder, pues en el Perú virreinal se manejan
criterios racistas. El cacique, por más riqueza que tenga, siempre es despreciado
por el español o criollo, que lo ve como hombre de raza inferior. Este
desprecio origina por contradicción el orgullo nacionalista en el cacique, que
comparando el régimen colonial con el idílico Tahuantinsuyo se muestra
convencido que los Incas supieron gobernar mejor que los extranjeros. Este es
el componente socio-cultural de su paso a la oposición. Pero hay además y
fundamentalmente, el económico.
El sector de los caciques, que como decíamos mantuvo sus
privilegios y aumentó sus riquezas en la primera etapa de la dominación
colonial, vio cambiar su situación en el siglo XVIII al ser uno de los más
afectados por el reparto mercantil. Los caciques, que actuaban como
intermediarios y recaudadores del reparto, fueron responsabilizados de las deudas
de los indios insolventes, y el corregidor las cobró despojándoles.
Una mayoría de caciques se adhirió entonces al Movimiento
Nacionalista Inca, a la vez que asumió las reivindicaciones de los indios del
común, primero con la protesta legal, presentando memoriales ante las
autoridades; desoídas sus quejas, proyectó entonces la sublevación. Los
campesinos vieron con simpatía ese cambio en los caciques y los aceptaron como
sus auténticos voceros y líderes.
Se plegaron también al Movimiento Nacionalista Inca los
indios que habitaban las ciudades, principalmente los artesanos, y simpatizaron
con la causa algunos sectores de la pequeña burguesía. Túpac Amaru contó con
varios leales mestizos y criollos pobres.
La labor proselitista fue desarrollada pacientemente; a nivel
de elite con la lectura del Inca Garcilaso y a nivel de masa con la propaganda
mesiánica, anunciándose que el Inca volvería para sacar a los indios de la
época de caos en que vivían.
Los caciques aprovechaban los desfiles en las ciudades para
vestirse a la usanza de los Incas; y representaban ante la masa obras teatrales
propiciando el sentimiento nacionalista. Por ejemplo, escenificaron la
conquista de tal forma, que los indios lloraban la prisión y muerte de
Atahualpa. Aquí se dio la unidad de la nación india, sin distingo de jerarquías
aunque tal vez los caciques pensaron en una restauración del antiguo imperio
manteniendo sus distingos de clase.
Los líderes poseían una sólida formación cultural, pues se
educaban en los Colegios de Caciques de Lima y Cuzco, regentado por los
jesuitas. En esas ciudades existieron los dos principales focos conspirativos.
Los caciques estaban al tanto de lo que acontecía en el mundo; por ejemplo,
sabían que España estaba enfrentada con otras potencias europeas,
principalmente Inglaterra en cuya ayuda confiaron.
2.3.6 HITOS DEL MOVIMIENTO NACIONALISTA INCA
2.3.6.1) 1739-Oruro: Conspiración de Juan Huáscar Vélez de
Córdova
Este líder, moqueguano de nacimiento, hizo labor proselitista
en el Alto Perú, ganando muchos adeptos. En el Cuzco buscó el apoyo de Juan
Bustamante Carlos Inca, a quien entonces se consideraba el más cercano
descendiente de los antiguos emperadores; pero éste no se plegó al proyecto y
hasta intentó la disuasión para que no pasara adelante.
Vélez de Córdova adoptó el nombre de Huáscar y como líder del
movimiento redactó un Manifiesto de Agravios, denunciando los padecimientos de
los indios y recordando a los mestizos y criollos pobres que también formaban
parte de las clases oprimidas, tratando de ganarlos para su causa.
Dijo que había llegado la hora de acabar con el dominio
español, restaurando el Imperio de los Incas. Y fijó el 8 de julio de 1739 para
el estallido de la lucha armada. Pero un traidor delató todo ese plan a las
autoridades coloniales y abortó el proyecto, siendo eliminados sus principales
líderes.
2.3.6.2) 1742-1756
Selva Central: Rebelión de Juan Santos Atahualpa.
Tres años después del intento de Juan Huáscar Vélez de
Córdova, el virreinato va a ser conmovido por el estallido de un movimiento de
grandes proporciones en la selva central, territorio hasta entonces dominado en
parte por el clero franciscano y por terratenientes asentados cerca de las
misiones.
Juan Santos nació presumiblemente en Huamanga o el Cuzco,
indio o mestizo, y se educó con los jesuitas, viajando con ellos por Europa y
África, experiencia que le proporcionó una amplia cultura.
Según informes jesuitas, Juan Santos era considerado, desde
antes de la sublevación, como el más cercano pariente de los antiguos
emperadores del Perú. Lo cierto es que tuvo o adoptó los nombres de Apu Huayna
Cápac y Atahualpa.
Entendió que la selva central, donde las naciones indias
resistían tercamente el avance occidental, era el territorio propicio para
desatar una sublevación general, y se internó por Huanta en las posesiones de
los AshánInkas, nación por otros llamada de los Campas.
Debió tener un gran carisma y conocimiento de las lenguas
nativas, pues tanto los AshánInkas como otras naciones selváticas lo aceptaron
como Inca, expulsando a los blancos de las haciendas que tenían en sus tierras.
Todas las misiones fueron abandonadas y ese territorio liberado, proclamando
Juan Santos la independencia.
Demandó que los españoles se retirasen del Perú, pues de lo
contrario los aniquilaría, con el apoyo no sólo de los indios selváticos sino
también de los indios serranos que se disponían a seguirlo, según anunció.
Fijó entre sus objetivos la abolición de los trabajos
forzados, del tributo y del comercio, que tanto daño habían hecho a los indios.
Y dijo que contaba con el apoyo de los ingleses. Por ese tiempo, precisamente,
se situó frente a las costas del Perú una escuadra británica al mando del
almirante Anson.
Durante catorce años, entre 1742 y 1756, Juan Santos fue el
Inca indiscutible en esa región. Además de los AshánInka, se le unieron los
Amueshas, Shipibos, Cunibos, Setthebos, Piros y otras varias naciones
amazónicas. Tuvo a su mando un ejército que derrotó sucesivamente a las tropas
virreinales que marcharon a combatirlo. Y nombró autoridades indias en el
territorio liberado. Parece que esperaba la insurrección en la sierra, pero,
como explicaremos a continuación, ésta abortó.
El final de Juan Santos es un misterio. Varias leyendas se
lucubraron al respecto. Lo cierto es que en 1756 se tuvo noticia certera que ya
no estaba entre los indios selváticos, por lo que se supone que había muerto.
2.3.6.3) 1750-Lima y
Huarochirí: Conspiración y rebelión de Francisco Inca
Posiblemente bajo la influencia del movimiento que lideraba
triunfante Juan Santos Atahualpa en la selva central, se preparó en Lima una
rebelión, que debió haber estallado el día de San Miguel Arcángel del año 1750.
Se proyectó la toma de la capital por miles de indios que
bajarían de los contornos. El movimiento se iniciaría con una matanza general
de españoles, incluidos los criollos. Lima se tomaría al mismo tiempo que el
Callao, para luego lanzar un llamado a las demás provincias. La mira era un
levantamiento general, para acabar con la dominación extranjera restaurando el
Imperio de los Incas. Terminaría con ello la opresión de mitas, tributos,
corregidores, jueces y curas, según anunciaron los líderes rebeldes.
Pero todo ese plan fracasó, por delación de un traidor, y
pocos días antes del día fijado para el estallido de la sublevación cayeron en
prisión los principales líderes, exceptuando Francisco Inca, que pasó a
Huarochirí. Hubo un juicio sumario y poco después la plaza mayor de Lima fue
nuevo escenario de un holocausto indio. Los líderes fueron ahorcados,
decapitados y descuartizados, fijándose sus restos, como macabros trofeos, en
el puente y en las salidas de la capital.
Las autoridades coloniales se equivocaron creyendo que el
terror aquietaría los ánimos, porque inmediatamente Francisco Inca desató la
rebelión en Huarochirí, dando muerte al corregidor de esa provincia y a sus
principales secuaces. Organizó un pequeño ejército, precariamente armado, y bloqueó
el camino de Lima, convocando el apoyo de otros pueblos indios e incluso
solicitando la adhesión de esclavos negros, a los que prometió la libertad.
Ecos de ese llamamiento se escucharon hasta Lambayeque.
Fuerzas virreinales, desde Lima y desde Tarma, se movilizaron
en su contra, librándose sangrienta campaña, cuyo epílogo fue una bárbara
represión, no sólo en Huarochirí sino también en Canta. Los jefes indios
sobrevivientes fueron remitidos a Lima para ser ejecutados.
El fracaso de la rebelión en Lima y Huarochirí pudo ser
determinante para que Juan Santos Atahualpa no pasara más adelante de
Chanchamayo, encerrándose en la selva central. En las décadas siguientes, al
tiempo que se acrecentaba el número de las rebeliones locales, el Movimiento
Nacionalista Inca debió efectuar principalmente labor proselitista, hasta 1780
en que se desató como su mayor expresión la Revolución de Túpac Amaru.
2.3.7 LA REVOLUCIÓN DE TÚPAC AMARU
Fue el movimiento más importante que se dio contra la
dominación colonial. Su componente social fue básicamente indio campesino, bajo
el liderazgo de curacas; pero intentó la unidad peruana, convocando a todos los
sectores con la única excepción de los españoles peninsulares. Confió incluso
en un sector de los criollos ricos, especialmente en el clero provinciano, por
ejemplo en el obispo del Cuzco, Moscoso y Peralta. Ese fue uno de sus grandes
errores, pues la contradicción entre naciones fue imposible de resolver.
Tuvo un amplio programa político, social y económico. Fue
anticolonial: Túpac Amaru, en el desarrollo de la guerra, se definió
separatista, proclamando la restauración de la Autonomía Andina. Pero siendo un
cacique culto, no buscó la simple restauración del Imperio de los Incas, sino
la construcción de una monarquía moderna al estilo de la inglesa. Con ello,
traspasó los linderos del mesianismo y la utopía, que existieron sin duda en la
masa campesina.
Tampoco fue milenarista; no se advierte que la reivindicación
de dioses nativos haya tenido importancia. Sólo un minoritario sector reclamó
la restauración del culto al dios Sol. Por lo demás, Túpac Amaru dijo respetar
la religión cristiana, tal vez por su esperanza de captar el apoyo del clero
provinciano. Pero como se sabe, fue excomulgado y los curas se alinearon en su
contra, casi todos.
El movimiento asumió las principales reivindicaciones de los
indios, tales como la abolición del tributo, de la mita y del reparto; y aún
más importante fue que en su desarrollo propiciase una distribución más justa
de la tierra, adquiriendo un matiz antifeudal.
Acciones como el ajusticiamiento del corregidor Arriaga y el
arrasamiento del obraje de Pomacanchis marcaron ese ritmo revolucionario. Túpac
Amaru actuaba como Inca, desde el principio.
Pero el líder, en su afán de captar a los grupos no-indios,
asumió otras demandas. Se pronunció contra los gravámenes que afectaban a la
pequeña burguesía, formada por criollos pobres, mestizos y castas. Y también
contra la esclavitud de los negros, decretando su libertad al iniciar la lucha
revolucionaria.
Pero fue imposible alcanzar el objetivo de la unidad peruana,
primero porque la facción de los criollos ricos, ante el desborde indio, se
alineó inmediatamente con los españoles peninsulares; y segundo porque la masa
campesina, principalmente en el Alto Perú, vio como enemigo a todos los
no-indios, desarrollando acciones de violencia racial, ante lo cual muchos
mestizos y criollos pobres, que tal vez se hubiesen plegado a la revolución,
optaron por apoyar a la clase dominante. De otro lado, los negros, enfrentados
desde siempre con los indios, tampoco entendieron o no pudieron captar el
mensaje libertario de Túpac Amaru.
Por eso debe decirse que el apoyo dado al movimiento por
algunos negros, castas, mestizos y criollos pobres, fue la excepción de la
regla. Pero fue un apoyo digno de todo encomio, pues estuvo signado por una
lealtad hasta el sacrificio.
Como se sabe, la revolución fue doblegada, después de tres
años de guerra sangrienta, con más de cien mil revolucionarios muertos, y entre
ellos todos sus líderes.
Es muy importante tomar en cuenta que un buen número de
caciques, los más ricos, defendió la causa de los opresores, comandando
milicias indias que formaron en el ejército represor. Entre esos traidores a su
nación estuvieron Pumacahua y Choquehuanca.
Junto con la represión militar se pretendió aplicar la
represión ideológica. En la sentencia pronunciada contra José Gabriel Túpac
Amaru, se prohibió a los indios el uso de sus trajes ancestrales; se ordenó
destruir las pinturas y retratos que existían de los Incas; se requisaron los
pututos, argumentando que su sonido lúgubre era por el luto que guardaban los
indios por sus pasados monarcas; y hasta se intentó borrar toda mención a los
Incas. Demás está decir que los Cometarios Reales del Inca Garcilaso fueron
requisados. Pero ello no fue suficiente para destruir la tradición india, que
supervivió no obstante tantas adversidades.
Diremos finalmente que, aunque parezca irónico, la corona
española coincidió con Túpac Amaru en varios de sus objetivos. Areche vino al
Perú para intentar contener el poder cada vez más creciente de los potentados
criollos. Túpac Amaru, por su parte, de haber triunfado hubiese traído abajo el
montaje de la dominación del cual eran principales beneficiarios la burguesía
comercial financiera aliada a los terratenientes feudales y los propietarios de
minas y obrajes, en su mayoría criollos.
Tal como anota Jürgen Gölte, la revolución políticamente fue
contra España, pero si estudiamos con detenimiento su trasfondo económico
veremos que apuntó a destruir el poder que controlaban los criollos ricos. Esto
explicaría el por qué este grupo, inmediatamente desatada la revolución, cesó
de momento en sus disputas con la corona, formando un solo bloque con los
españoles peninsulares para aplastar un movimiento que atentaba contra sus
intereses de clase.
Por otro lado, Túpac Amaru luchó por la abolición del reparto
y extinción de los corregidores. Areche hizo lo primero en 1780 y lo segundo en
1784. Con esto se vino abajo todo el montaje de dominación que había favorecido
el progreso de la burguesía comercial financiera de Lima, pues extinguidos los
corregidores no tuvo ya el instrumento que fue motor principal de dicho
mecanismo. En la sociedad colonial, frustrado el proyecto burgués, las aguas
volvieron a su nivel, quedando como clase dominante principal la de los
terratenientes feudales.
Después de la revolución, la corona impuso gobiernos severos,
y entonces pasó a ser principal la contradicción que siempre había existido
entre españoles peninsulares y españoles americanos, germinando el separatismo
criollo.
Mientras los españoles afianzaban su posición en las tierras
del incario y los nativos, liderados por Manco Inca, se refugiaban en
Vilcabamba, convertido en eje de la resistencia a los invasores, en 1542 fue
creado por orden real el virreinato del Perú. La ciudad de Lima fue la sede del
gobierno virreinal y acogió el 15 de mayo de 1544 al primer virrey del Perú,
Blasco Núñez de Vela. La tarea de este funcionario chocó con los intereses de
los encomenderos que, encabezados por Gonzalo Pizarro, se habían alzado en el
Cuzco contra las leyes nuevasLa guerra civil costó la vida al flamante virrey y
sólo a partir de 1555 (mandato de Andrés Hurtado de Mendoza) el Perú comenzó a
vivir una etapa de mayor tranquilidad y prosperidad.
La nueva unidad política era más extensa en superficie que el
virreinato de México. Abarcaba todo el continente sudamericano, excepto el
Brasil portugués, las Guyanés y la costa del Caribe en Venezuela.
El ámbito del virreinato del Perú incluyó, en principio, la
mayoría de las gobernaciones suramericanas. No obstante, el poder directo del
virrey se manifestó sobre Lima, Charcas y Quito, pues éstas no tenían
gobernador político. Mientras tanto, Panamá, Chile y el Río de la Plata eran
territorios regidos por presidentes-gobernadores (autoridad máxima de una
gobernación que cuenta con una real audiencia, que además eran capitanes
generales, por tratarse de tierras de guerra. En consecuencia, actuaban con
plena autonomía política dentro de la esfera del virreinato.
Quizás una de las particularidades más significativas del
Perú estuvo en la temprana explotación de los metales preciosos, cuyo centro
más importante fue el cerro rico de Potosí, descubierto por los españoles en
1545. Estas riquezas permitieron a Lima un amplio predominio en América que,
sin embargo, después del auge indiscutido del siglo XVI y parte del XVII,
declinó y atravesó por un período de decadencia en el transcurso del último
siglo colonial.
Finalmente, a lo largo del siglo XVIII, el virreinato del
Perú sufrió un paulatino desmembramiento territorial que dio origen a los
virreinatos de Nueva Granada y del Rió de la Plata.
El Virreinato estando ya prácticamente terminada la conquista
y dada la importancia del estado incaico que había sido incorporado a la corona
española, el Rey de España don Carlos I decidió elevarlo a la categoría de
Virreinato, disponiendo que el "Reino del Perú" fuera gobernado por
un virrey que representara a su real persona (Real Cédula dada en Barcelona el
20 de noviembre de 1542).
También dispuso por la misma Real Cédula que en la
"Ciudad de los Reyes" de Lima existiera una Real Audiencia. Quedó así
dispuesto que en América del Sur", la superior autoridad y representación
del Rey de España estuviera en el Perú
El primer Virrey fue don Blasco Núñez Vela, que hizo su
apoteósico ingreso a Lima en mayo de 1544. Este virrey, hemos visto, era
portador de unas Nuevas Leyes dadas por el Rey que limitaban el uso de las
encomiendas y con ello dañaban las prerrogativas de los conquistadores, así
como daban otras disposiciones en favor de la naturaleza. El Virrey propuso
hacerlas cumplir violentamente suscitado la reacción de la Real Audiencia.
Al final fue la deportación del Virrey por la Audiencia. El
nombre Perú deriva del nombre del cacique o lugar llamado Birú, al sur de
Panamá y que fue visitado, parece que por primera vez, por Pascual de Andagoya.
El nombre Perú se empezó a usar y aparece en los documentos de la conquista en
1527. La Capitulación de Toledo ya habla oficialmente del Perú.
Extensión
El Virreinato del Perú fue el único que se creó en América
del Sur y abarco casi la totalidad de las posesiones españolas en este
continente. Sólo quedó fuera de su jurisdicción la región de Venezuela, que
dependía de la Audiencia de Santo Domingo, perteneciente al Virreinato de Nueva
España (México). Esta enorme extensión comprendía los territorios de siete
Audiencias, que se fueron creando sucesivamente.
Ellas fueron: la Audiencia de Panamá (1535), la de Santa Fe
de Bogotá, en el llamado Nuevo Reino de Granada (1549); la de Quito (1563), la
de Lima (1542); la de Charcas (1559); la de Chile (1609) y la de Buenos Aires
(1661). Esta extensión la tuvo durante los siglos XVI y XVII y hasta la segunda
década del siglo XVIII, en que comenzó a desmembrarse para dar nacimiento a
nuevos virreinatos.
Gobierno en el Virreinato
Las autoridades en el mismo Virreinato eran las siguientes:
El Virrey
Era la primera autoridad en el Virreinato como representante
del Rey en España. Tenía funciones políticas por que era el jefe de Gobierno
colonial; judiciales, era Presidente de la Real Audiencia; militares y navales
del Virreinato; económicas; por que recaudaba los impuestos y ejercía otras
atribuciones.
La Real Audiencia
Era el organismo que administraba justicia en la colonia.
Estaba integrado por un presidente, varios oidores o jueces nombrados por el
rey así como un fiscal que defendía los intereses de la corona.
El cabildo
Era el organismo o institución que se ocupaba del gobierno,
de las ciudades y que a dado lugar a las municipalidades actuales. Esta formado
por un alcalde y varios regidores
El Corregidor
Era el funcionario encargado del gobierno de una provincia
que entonces se llamaba corregimiento. Era nombrado por el Rey por un plazo de
cuatro a cinco años y debía defender a los naturales contra los abusadores
encomenderos.
El Intendente
Después de la gran revolución de Túpac Amaru II ocurrida como
protesta por la triste situación de los indígenas (1780) debido en gran parte a
los abusos de los corregidores, Carlos III abolió los corregimientos creando
las intendencias a cargo del intendente.
La Vida Comercial e Industrial en el Virreinato
El sistema económico implantado por España en sus colonias
estaba basado en 4 principios:
El Exclusivismo
El Intervencionismo
El Mercantilismo
Las Industrias
GENERACION ILUSTRADA O MERCURISTA
Tres son las publicaciones que en su momento expresaron ideas
de futuro para la sociedad peruana. Amauta en el siglo XX y La Revista de Lima
en la segunda mitad del XIX tuvieron por antecedente al Mercurio Peruano, obra
colectiva del pensamiento ilustrado en el Perú.
Las páginas del Mercurio Peruano, notable periódico
científico y literario publicado entre 1791 y 1794 por la Sociedad Amantes del
País, no difundieron simplemente las modernas teorías y los ideales del cultivo
de la ciencia y de la razón, sino también revelaron el nacimiento de una
conciencia ideológica nacional.
José Rossi y Rubí, José Baquíjano y Carrillo e Hipólito
Unanue fueron algunos de los inquietos e ilustres criollos que, con sus
brillantes artículos, escritos primero con seudónimos griegos y luego con sus
propios nombres, intentaron "conocer y hacer conocer el país".
Estos pensadores fueron permeables a las ideologías
contemporáneas, no aceptaron a ciegas todo lo que llegó del Viejo Continente.
Ajenos al frío imitacionismo, ensayaron –como bien ha señalado el historiador
José Ignacio López Soria– una síntesis en la que el liberalismo y el
tradicionalismo "convivieron armónicamente", producto de la
observación y del estudio de nuestra realidad.
El pensamiento mercurista al lograr amalgamar tres polos
(tradicionalismo, liberalismo y realidad peruana) consiguió un pensamiento
original que, si bien no logró cuajar por completo, evidenció la presencia de
un grupo pensante nacional que expresó un "proceso de emancipación
ideológica".
Ejemplo, si el naturalismo les invitaba a seguir las leyes
naturales y el mercantilismo no monopolista les mostraba que el comercio era el
medio para obtener todo tipo de producto, la realidad les enseñó que para
inscribirse en el comercio internacional era necesario que el país se
especializara en la producción de aquellos recursos naturales en los que tenía
ventajas comparativas, como era el caso de los metales preciosos, para que con
su venta se obtuvieran las manufacturas que el país no producía.
La moralidad burguesa consagró la laboriosidad, la
ingeniosidad, la ilustración y el esfuerzo como virtudes del buen burgués y los
sacralizó hasta convertirlos en cánones de conducta. Los Amantes del País,
Conscientes de que tales actitudes y cualidades en el hombre
eran fundamentales para la consecución del bienestar, no dudaron y se
adhirieron a este tipo de moralidad, pero no se despojaron de ciertos rasgos de
la ética cristiana, como la práctica humanitaria.
Para el pensamiento mercurista, la práctica humanitaria no
era una simple virtud natural, como lo veía la filosofía ilustrada, sino que
estaba estrechamente vinculada con la caridad evangélica. Y lo más importante:
era considerada un medio que servía no sólo para conseguir el equilibrio
social, sino también para lograr la salvación eterna.
Respecto a la cuestión del Estado, los principios mercuristas
se ubicaron dentro de un proceso de transición hacia la concepción liberal. Su
ideología política tiene sentido dentro de las ideas de los fisiócratas y de
los neomercantilistas. Un hecho fundamental que explica su pensamiento
político, si se tiene en cuenta la formación escolástica que recibieron, se
encuentra en la misma realidad circundante, como es el caso de la dación del
Reglamento de Comercio Libre y las consecuencias de su puesta en
funcionamiento.
En efecto, para los mercuristas, la nueva legislación y sus
principios fundamentales, como la necesidad de liberar al comercio de las
viejas trabas del monopolio y la importancia de las relaciones comerciales en
la unión de los pueblos, significaron la ausencia relativa de control por el
Estado en las actividades económicas, el mayor reparto de los beneficios y
otras libertades que sirvieron a los mercuristas de base para su concepción del
Estado.
Situación distinta ocurrió en la fundamentación de los
principios sobre el ordenamiento económico, pues en ese caso prima la ideología
mercantilista e incluso la reflexión de la realidad parte del ideal de la
propia ideología. Individualismo, disminución de impuestos, naturalismo,
etcétera son algunos de sus postulados.
La generación mercurista concibe al Perú como un país
exportador de materias primas e importador de manufacturas, es decir, pieza del
sistema económico occidental en la que, por la distribución internacional del
trabajo, le tocó jugar ese rol.
III.- LA SOCIEDAD AMANTES DEL PAIS Y EL MERCURIO PERUANO
El Mercurio Peruano
es el periódico más importante de la Ilustración Peruana. Creado por un círculo
de intelectuales jóvenes se publicaron entre 1790 y 1795 más de 400 números en
los cuales se trató los asuntos más diversos. Sin embargo, es fácil resumir su tema
principal: hacer conocer el Perú y ilustrar a los peruanos. Por eso, el
Mercurio Peruano no sólo fue un gran periódico del Siglo de las Luces sino
también el primer periódico netamente peruano.
El Mercurio Peruano de Historia, Literatura y Noticias públicas
(así su título completo) fue creado en 1790 por la Sociedad Académica de
Amantes del País de Lima. El fin de esta sociedad fueron las discusiones
filosóficas y - sobre todo - la publicación del Mercurio Peruano. La mayor
parte de los artículos se redactaron por miembros de la Sociedad aunque con el
transcurso del tiempo, otros autores tenían cada vez más importancia. El
periódico se publicó dos veces a la semana teniendo un tiraje entre 400 y 575
ejemplares, número bastante elevado para le época. Sin embargo, después de
pocos años el Mercurio Peruano entró en crisis. No se podía mantener el alto
nivel de los artículos y la financiación de la publicación se hacía cada vez
más difícil. Cuando el Virrey Gil de Taboada retiró el apoyo económico, el Mercurio
Peruano dejó de existir.
Los temas más importantes del periódico fueron la geografía,
la historia, las ciencias (sobre todo medicina y historia natural) y la
economía (comercio, minería y economía política ante todo). Ilustrar a los
peruanos no sólo significó darles a conocer información sobre el Perú sino
también ganarles para las ciencias y el razonamiento moderno. Por eso, en
muchos artículos se explicaron nuevos inventos y la utilidad que iba a tener su
aplicación en el Perú. Sin embargo, abrazar el pensamiento moderno no equivalió
rechazar la religión católica. Al contrario, el Mercurio Peruano defendió un
"catolicismo ilustrado" (p. 140) que frente a la Revolución Francesa
se volvió muchas veces más católico que ilustrado.
Los artículos sobre el Perú publicados en el Mercurio Peruano
constituyen hasta hoy una fuente básica para conocer el Perú a fines del siglo
XVIII. De los muchos estudios sociales publicados destacan los sobre indios
(precolombinos y amazónicos, sobre todo), sobre los negros y la esclavitud,
sobre el rol de la mujer, sobre la importancia de la educación y sobre los
pobres en el Perú. En los estudios económicos, la minería y el comercio
ocuparon el rol central. Sorprende la poca importancia que se daba a la
agricultura y a la artesanía y manufactura respectivamente.
El libro de Clément será por muchos años el estudio más
completo del Mercurio Peruano. Efectivamente, quedan pocas preguntas para
investigar sobre este periódico y su contenido. El estudio de Clément no
pretende ser una investigación sobre el surgimiento del periodismo peruano, la
Ilustración en el Perú y menos, de la emancipación peruana. Se limita
estrictamente al análisis del Mercurio Peruano. Tocará a otros autores integrar
este estudio excelente dentro de interpretaciones generales de la historia del
Perú.
EL PENSAMIENTO ILUSTRADO EN EL MERCURIO PERUANO 1791-1794.
La prensa moderna irrumpió en la sociedad peruana en el siglo
XVIII. Desde entonces, cimentó en la verdad y la justicia los fundamentos
esenciales de la labor informativa y ha sido un elemento muy influyente en el
desarrollo histórico del país.
El pensamiento Ilustrado en el Mercurio Peruano 1791-1794 es
un estudio integral del Mercurio desde la perspectiva periodística.
Su influencia fue latinoamericana porque fue promotor y
modelo de prensa para Quito, Santa Fe de Bogotá y la Habana. Además tuvo
suscriptores en Guayaquil, México, La Paz, Buenos Aires, Santiago y Concepción;
e incluso corresponsales en algunas de estas ciudades. El Mercurio tuvo un alto
índice de lecturabilidad, de 10 a 15 lectores por ejemplar, similar al de El
Comercio guardando las distancias históricas.
El Mercurio fue esencialmente un periódico de ideal. El libro
descubre, desde las 3541 páginas de los 411 números, la similitud y el
disentimiento con el pensamiento ilustrado de los europeos, así como la
peculiaridad de la corriente en el Perú dieciochesco ya que estudia al
periódico como parte de una sociedad, que influye en él, pero que también es
influida por éste.
Aun viviendo en la sociedad de la información, es importante
conocer los aportes del Mercurio porque "la historia es principalmente una
conciencia el pasado, de su realidad, pero también de su gravitación en nuestra
vida contemporánea y futura".
HIPÓLITO UNANUE EN EL MERCURIO PERUANO
Presentamos la obra de Hipólito Unanue y Pavón (1755-1833),
recordado como precursor de la Independencia del Perú, publicada en el
ilustrado y célebre periódico Mercurio Peruano (1791-1794). En su obra, se
advierte una clara influencia del pensamiento de la Ilustración, en especial en
los artículos de tema científico y en aquellos en los que subraya la
importancia del comercio para el virreinato. Asimismo, recorremos sus trabajos
históricos y su constante intención de reivindicar lo americano. Estos últimos
temas nos muestran que en ese entonces se empezaba a entender intelectualmente
la existencia del Perú como una continuidad histórica y, a la vez, confirman el
nivel de afirmación que adquirió el sentimiento regional de ser americano.
El Mercurio Peruano y los Médicos Peruanos.
En 1790, un grupo de jóvenes ilustrados formó la Sociedad
Académica de Amantes del País, con la finalidad de discutir sobre los asuntos
nacionales. Este grupo, que reconoció como fundador a Joseph Rossi y Rubí,
estuvo conformado por José María Egaña, Demetrio Guasque, Hipólito Unanue y
Jacinto Calero y Moreira. Los cuatro primeros junto con otros dos conocidos por
los seudónimos de Mindirido y Agelasto, más tres damas conocidas como Dorálice,
Florida y Egeria, se habían reunido tres años atrás durante poco menos de un
año, formando la Sociedad Harmónica, para discutir sobre literatura y las
noticias públicas. Esta Sociedad fue la base de la Sociedad Académica de
Amantes del País.
Los miembros de la Sociedad Académica de Amantes del País
decidieron plasmar en el papel los temas de sus conversaciones. Así nació un
periódico al cual llamaron el Mercurio Peruano de Historia, Literatura y
Noticias Públicas. Poco después, por la vastedad de las materias tratadas, se
vieron obligados a incorporar otros miembros. El 2 de enero de 1791 salió el
primer número del Mercurio Peruano y tuvo una buena acogida, contándose 220
suscriptores. Estos alcanzaron a 398 en el mejor de sus momentos. La
competencia por la supervivencia, los suscriptores, fue dura entre el Diario de
Lima y el Mercurio Peruano y sería más rigurosa al aparecer un nuevo periódico.
En efecto, el 12 de junio de 1791 apareció el Semanario Crítico, por obra del
franciscano español Fray Antonio Olavarrieta. Este semanario moriría con el
número 16(4).
La más grande contribución del Mercurio Peruano fue el hecho
de que por primera vez, desde el arribo de los españoles a esta parte del
continente, se estableció el concepto de Perú como nación o país y de
peruanidad como sentimiento. Miembro notable de la Sociedad Académica de
Amantes del País fue el médico Hipólito Unanue; por tanto, nos interesa conocer
la participación de los médicos de la época y el contenido de los temas médicos
en esta publicación.
De 173 temas tratados durante los doce números, los
referentes a Medicina fueron en proporción creciente: 9.22 % en 1791, 19.93% en
1792, 18.43% en 1793 y 20.44% en 1794. Este interés creciente por los temas de
Medicina es parte del interés por las materias de aplicación práctica en
aquella época. La descripción y tratamiento de las enfermedades fue muy
novedosa en ese entonces al igual que lo fueron los temas de Geografía (nuevos
caminos, minerales, etc.), Historia Natural (aprovechamiento de las plantas),
conceptos sobre economía y finanzas, la herejía revolucionaria de los
franceses, entre otros temas.
De 517 suscriptores registrados, según la actividad
profesional, sólo se contó con los siguientes médicos: el selecto aragonés
Cosme Bueno, ex-cosmógrafo mayor del Reino; José Manuel Dávalos, maestro de
Química en la Universidad de San Marcos, José Díaz de Arellano, primer cirujano
de la Armada y médico de cámara y de la familia del virrey; José León y Vargas,
médico en La Paz; Gabriel Moreno, dedicado a la enseñanza de las matemáticas en
la Universidad de San Marcos y llegó a ser cosmógrafo mayor del Reino; José
Hipólito Unanue, catedrático de Anatomía en la Universidad de San Marcos; el
mulato José Manuel Valdés, notable cirujano de la época que recién en 1806
sería aceptado como médico. Como podemos apreciar, de estos siete médicos
suscritos a el Mercurio Peruano, sólo dos, Díaz de Arellano y Unanue, ejercían
propiamente la profesión en esta parte del país.
Entre las razones que expliquen la escasa cantidad de médicos
suscriptores de el Mercurio podemos considerar dos: el relativamente elevado
costo de la suscripción y el desinterés de los médicos de la época por las
publicaciones en general. Sobre lo primero se sabe que la suscripción mensual
era de 14 reales, sin considerar el parte, cantidad que era el 3,5 % del sueldo
de un oidor, y hasta el 28 % de lo que cobraba un pequeño funcionario. En
general, los suscriptores del Mercurio Peruano pertenecían a los sectores bien
acomodados o pudientes de la sociedad. Sobre lo segundo, la única evidencia es
la casi inexistencia de publicaciones, en general, por parte de los médicos.
Los temas médicos tratados se refieren a la importancia de la
anatomía, a la inauguración del Anfiteatro Anatómico, el mal de altura, la
vejez y la longevidad, un cólico extraordinario, un caso de tenia, un aneurisma
del labio inferior, la disentería, las aguas termales, el veneno animal, el
tratamiento de diversos padecimientos de estas regiones, la quina o cascarilla,
las aguas minerales, las virtudes de la coca, los pacientes de los hospitales
de Lima, las medidas higiénicas para conservar la salud y para la preñez y
otras curiosidades médicas. Estos temas han sido revisados recientemente.
En conclusión, el Mercurio Peruano fue un periódico cuya
importancia radica en que junto con el concepto de Perú como nación se tocaron
muchos temas, de los cuales algunos reflejaron parcialmente el interés de los
médicos de la época, por lo menos de una élite de ellos. Y, en general, la
participación de los médicos de la época como suscriptores fue escasísima.
El decimosegundo y último número del Mercurio Peruano salió
el 31 de agosto de 1794. Las causas de su desaparición fueron económicas,
principalmente la falta de suscriptores; la decadencia en la calidad de los
artículos al agotárseles rápidamente la producción a los miembros, optándose
por recibir otras colaboraciones que no siempre fueron de lo mejor; y, por
último, se tiene indicios de que hubo cierta censura virreinal no obstante de
la aprobación oficial para circular.
En las décadas siguientes aparecieron numerosos periódicos
con alto contenido de ideas republicanas y en los cuales contribuyeron también
los médicos. La mayoría de estos periódicos fue de existencia efímera, pero
algunos de ellos como la Minerva Peruana, la Gaceta de Gobierno de Lima, El
Verdadero Peruano, El Investigador, tuvieron una vigencia mayor. Estos
periódicos ocasionalmente publicaron asuntos relacionados con la medicina
nacional, cuyos contenidos aún no han sido bien estudiados. Médicos como
Hipólito Unanue, José Manuel Valdés, José Gregorio Paredes, Miguel Tafur,
Gabriel Moreno, José Pezet, el cirujano Bartolomé Alcántara y el médico romano
Félix Devotti entre otros, dirigieron publicaciones y publicaron notas de
encendido contenido republicano además de las propiamente médicas. Fue una
época en que muchos de ellos fueron acusados de "hacer proposiciones
heréticas", "tener libros prohibidos" y "leer libros
vedados.
El diario La Floresta, que apareció en 1831 y tuvo una breve
existencia, debería ser considerado como el precursor de la prensa médica
nacional, según opinión del Dr. Arias Schereiber, por la cantidad y calidad de
referencias a varios aspectos de la medicina nacional.
IV) DISCUSIÓN O COMPARACION DE IDEAS DE AUTORES Y DEL ALUMNO
SIGLO XVIII MUNDIAL:
Según el autor (1) La ilustración es la salida de su auto
culpable minoría de edad. ( sin la guía de otro).
Según el autor (2) La ilustración es el auge situacional en
su escala de articulación económica –social del siglo XVIII.
Según el autor (3) La ilustración es la aplicación práctica
de principios (Ej. Absolutismo).
Según el alumno: época donde nacen diversidad de ideas para
ser aplicados en el siglo XVIII, por lo mismo que el país colonial era
colonizado.
SIGLO XVIII EN EL PERU:
Según autor (1) la sociedad amantes del país y el mercurio
peruano se crea por la época reformista procedente de América y de Europa
ilustrada.
Según autor (2) El mercurio peruano nunca crítico
abiertamente el régimen colonial, más bien defendió las estructuras sociales
del perú colonial.
Según autor (3) El mercurio peruano ayuda a difundir el
razonamiento moderno en el Perú, lo que significa arma poderosa contra el
antiguo régimen.
Según el alumno: época donde nacen diversidad de ideas para
ser aplicados en el siglo XVIII, por lo mismo que el país colonial era
colonizado.
V) CONCLUSIONES
La ilustración es la salida de sus hechos situacionales y del
valor para servirse por sí mismo de él sin la guía de otro.
Siglo XVIII, edad donde nacen diversos hechos históricos y la
lucha por salir adelante y los cambios que se influyen de acuerdo al nivel de
tiempo que se Vivian.
Siglo XVIII, en el Perú resurgimiento de nuevas ideas
coloniales del país y la creación de la sociedad amantes del país, dicho grupo
surge como idea de poder transformar el país de acuerdo a las alternativas
mundiales que se daban en aquella época.
El mercurio da conocer los lineamientos que se pudieron haber
empleado con más influencia con respecto a los sucesos de eses entonces, y como
el Perú podía tener un escudo contra el otro régimen colonial.
Siglo XVIII, idea de poder buscar nuestra propia identidad y
desarrollo del país.
VI) "BIBLIOGRAFÍA"
CLEMENT, JEAN PIERRE INDICES DEL MERCURIO PERUANO, 1790
-1795.LIMA, 1979 BIBLIOTECA NACIONAL; VOLUMEN I: ESTUDIO; VOLUMEN II: ANTOLOGIA
HERR, R. ESPAÑA Y LA REVOLUCION DEL SIGLO XVIII. MADRID, 1964
FRANKFURT, M. TEXTOS Y ESTUDIOS COLONIALES Y DE LA
INDEPENDENCIA. VOLUMEN II Y III (307 Y 329)
JULIO, CORTES-CAVANILLAS LOS BORBONES EN ESPAÑA, MADRID 1980-
VOLMEN I ,50pgs
VARGAS UGARTE, Rubén HISTORIA GENERAL DEL PERU .LIMA 1966
ANEXOS: Argumentos periodísticos de "EL PERUANO"
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